Trinidad CUARTARA CASSINELLO


CUARTARA CASSINELLO, Trinidad (Almería, 1847 - Almería, 1912). Arquitecto y urbanista.


      Hijo de Joaquín Cuartara, conocido comerciante local, aunque su procedencia, como el Cassinello de su madre, era italiana, emigrantes llegados a Almería a comienzos del siglo XIX al hilo de las expectativas mineras de la provincia. Tras realizar los estudios de segunda enseñanza como alumno destacado en el recién inaugurado Instituto de Almería, marcha en 1864 a Madrid para prepararse las oposiciones de ingreso en la Escuela de Arquitectura, obteniendo el título en 1871. Entre sus profesores, plenamente identificados con el historicismo académico y monumentalismo de la segunda mitad del siglo XIX, podemos destacar a Jerónimo de la Gándara, Francisco Jareño, Mariano Calvo o Aníbal Álvarez. En 1872 obtiene la plaza de arquitecto municipal, labor que desarrollará durante 40 años hasta su muerte, compatibilizándolo con el ejercicio libre de la profesión. Asistirá en 1904 al IV Congreso Nacional de Arquitectos en Madrid, junto con los más importantes arquitectos españoles del momento. Poco después fallecerá en su casa de la C/ Conde Ofalia, 22, tras un cruel y penoso cáncer.

      Su labor en la segunda mitad del siglo XIX va ligada a la renovación y expansión de la trama urbana almeriense tras el derribo de las murallas medievales en 1855 y al diseño de unas propuestas edificatorias que se concretarán en tipologías de viviendas para la burguesía y la clase obrera. Ese doble carácter de urbanista y arquitecto hace que podamos hablar de definidor-constructor de la Almería de finales del XIX, entregando esa batuta a Guillermo Langle como arquitecto municipal en 1925, para definir la Almería del siglo XX. Su actividad profesional se identificó plenamente con Almería, pues apenas trabajó fuera, salvo algunos proyectos no realizados, como la conclusión del Palacio de Carlos V de La Alhambra de Granada, la Casa Consistorial de Córdoba o el Casino de Madrid.

      Su actividad urbanística se enmarca en la transición de la ciudad medieval heredada a la ciudad moderna y burguesa, como fruto del derribo de las murallas en 1855 y de la necesidad de adaptar la trama urbana a una ciudad más rica y moderna. Ello se reflejará en sus planes de ensanche, una ampliación coherente y organizada de la ciudad en una trama ortogonal durante la segunda mitad del XIX, que responde a intereses especulativos de la burguesía, puesto que las nuevas zonas de ensanche serán áreas de residencia y fuente de acumulación de capital;  de ahí el carácter geométrico del trazado urbano para facilitar la parcelación y venta de solares. La ciudad proyectada por Trinidad Cuartara amplía su trama hasta la Rambla a levante y el Paseo de la Caridad al Norte, alcanzando unos límites que prácticamente no se sobrepasaron hasta mediados del siglo XX.

      Entre los proyectos más sobresalientes podemos destacar la ampliación del Paseo desde la actual C/ Rueda López hasta la confluencia con la rambla del Obispo (1874), completada posteriormente con la Plaza Circular y la Avda. Reina Regente; la ampliación a levante con el espacio comprendido entre la C/ Obispo Orberá y la Rambla, conocido como paraje de las Huertas, trazando un plano de alineación que comprendía la apertura de las calles Terriza, San Leonardo, Alcalde Muñoz, González Garbín y Juan Lirola; la urbanización de la huerta de Santa Rita y zonas adyacentes (1882); la comunicación de la ciudad con la estación de ferrocarril a partir de la actual Avda. de la Estación; y la ampliación por el Sur con la reforma del Paseo de San Luis y el Malecón (1890), introduciendo la amplia escalinata del final de la C/ La Reina, y la apertura de las nuevas calles de la Trinidad, Álvarez de Castro y Martínez Campos, cortadas por la antigua calle de Pescadores al Sur, antes de la urbanización del actual parque de Nicolás Salmerón.

      Pero, además, diseña unos ensanches obreros que expanden la ciudad con nuevas viviendas para las clases populares con tipología de puerta y ventana, utilizando de nuevo la trama ortogonal, adecuada para la parcelación y venta o alquiler posterior. Es el caso de la urbanización de la huerta de Jaruga, entre la C/ Calvario a levante, el Paseo de la Caridad al Norte y la C/ San Diego de Alcalá al Sur; la urbanización del actual entorno de la Plaza de Toros con la construcción del nuevo coso; el Reducto (1877), zona comprendida entre el Cuartel de la Misericordia al Sur y el cerro de La Alcazaba al Norte; el llano de la Chanca junto a la Avda. del Mar; o el barrio de la Caridad en el paseo del mismo nombre, para alojar a los afectados por las terribles inundaciones del 11 de Septiembre de 1891.

      También desarrollará abundantes planes de reforma interior, consistentes esencialmente en alineaciones y remodelaciones del viario para mejorar el saneamiento o la comunicación entre las diferentes partes de la ciudad o simplemente conseguir mejores condiciones estéticas en el paisaje urbano. No serán obras de gran alcance, sino proyectos puntuales de apertura, prolongación de una calle o alineación de las antiguas líneas de fachada. En la zona de la Catedral destacarán las calles Cervantes, Lope de Vega, Braulio Moreno, Real y Almedina. En torno a la Puerta de Purchena serán alineadas las calles de las Tiendas, Navarro Darax, Murcia, Plaza de San Sebastián y Granada.

      Pero, también, podemos hablar de otros grandes proyectos no realizados, que se enmarcan en el optimismo generalizado de la Almería de finales del XIX y principios del XX al hilo del esplendor económico con la exportación minera y de uva. Seguramente no llegaron a cuajar por la crisis económica desencadenada por la Primera Guerra Mundial, haciendo innecesarias ambiciosas expansiones, o el enfrentamiento de los propietarios a las propuestas. Es el caso del proyecto de tres grandes vías atravesando el casco histórico (1900), una vasta operación quirúrgica que rompía el núcleo urbano medieval, al estilo de las propuestas del barón Haussmann en París, para comunicar lo más cómoda y rápidamente posible la Almería antigua con la moderna. Partían de la Plaza de la Catedral tres grandes ejes que desembocaban en la Puerta de Purchena, la Puerta del Sol, al final de la actual C/ Rueda López, y el muelle de Poniente. Pero todavía más ambicioso era el plan de ensanche a levante, también de 1900, creando una retícula de calles aprovechando los cambios de orientación creados por el nuevo cauce de la Rambla, y que presenta como grandes ejes ordenadores la actual Avda. de la Estación o las futuras ampliaciones de la C/ Rueda López, Obispo Orberá o Gerona.

      A nivel arquitectónico recogerá la tradición de la vivienda burguesa almeriense. Si ésta presentaba durante la primera mitad del siglo el modelo tradicional de casa unifamiliar de dos plantas con cubierta plana, organización en torno a un patio cubierto y fachada de diseño neoclásico gracias a las cornisas guardapolvos y la regularidad en la distribución de los huecos, ahora Trinidad Cuartara le aporta una inspiración más ecléctica, donde el clasicismo se complementa con un lenguaje decorativo más complejo y recargado, que abandona las rígidas dependencias de las reglas de composición. Es el caso de la vivienda de Francisco Jover y Tovar en la C/ Infanta (1894), hoy convertido en Archivo Histórico Provincial, o la casa-palacio de Juan Lirola en la C/ Navarro Rodrigo esquina a Reyes Católicos (1884), donde resuelve la esquina con un espectacular mirador, que se convertirá en solución habitual de la arquitectura burguesa.

      Sin embargo, la mayor parte de estas viviendas han sido derribadas y debemos reconocer su obra en los grandes proyectos de bloques plurifamiliares de viviendas. El ejemplo más espectacular es la casa Rapallo, Campos o de las Mariposas (1907), en plena Puerta de Purchena. Es una edificación resultante de la remodelación del encuentro de la Puerta de Purchena con la C/ Granada a partir de la expropiación y derribo de la antigua posada del Álamo, edificio en pésimo estado y que amenazaba en la fachada hacia la C/ Obispo Orberá. El objetivo era sistematizar y embellecer este centro urbano, naciendo así un edificio como necesidad de ornato y decoro urbanístico, símbolo del creciente poder económico y político de la burguesía. Para cumplir esa función Trinidad Cuartara recurre al mayor edificio de la ciudad hasta ese momento y al historicismo monumentalista como corriente estética. Pero, además, el volumen del edificio potencia la esquina con un gran cuerpo cilíndrico rematado por un castillete abovedado, que otorga al bloque una mayor representatividad burguesa, según modelos utilizados en el Madrid de la época en plena Gran Vía o Castellana. El edificio debía responder al modelo de representatividad burguesa traducida en la fachada, que ha de embellecer la construcción del ensanche burgués para que compita con posibilidades en el libre mercado de la oferta y la demanda. Constantes estéticas serán la presencia de vanos rigurosamente enmarcados, guardapolvos sobre ménsulas, entablamentos coronados por frontón... todo ello dentro de una composición regular y rígidamente simétrica de la fachada. Sin embargo, pese a la ordenación clasicista del conjunto, se introducen elementos decorativos cercanos al modernismo: la decoración de las barandillas de hierro de los balcones basada en curvas y contracurvas y las mariposas decorando el castillete con vistosos colores que han dado el nombre popular al edificio.

      Otro interesante ejemplo es la casa de los Rodríguez, actual edificio Banesto en el Paseo de Almería (1906), donde el lenguaje neorrenacentista del clasicismo francés se refleja en la rotonda semicircular hacia la Plaza del Educador y toda la diversidad decorativa de las guirnaldas, cartelas, cariátides o angelotes que inundan las fachadas.

      La tipología de edificación de vivienda obrera de «puerta y ventana» es un elemento característico de las clases populares almerienses desde la segunda mitad del siglo XIX, llegando a crear barrios enteros personalizados por estas casas levantadas por Trinidad Cuartara para la burguesía. Sus volúmenes sencillos y su distribución homogénea sobre gran parte de la trama urbana almeriense, aportará una porción importante de la imagen de la «ciudad horizontal» identificada por edificaciones de escasa altura. Entre los proyectos debidos a este arquitecto destacan: la huerta de Jaruga, entre la C/ Calvario a levante, el Paseo de la Caridad al Norte y C/ San Diego de Alcalá al Sur; el barrio del Inglés, junto a la C/ Granada, cuyo desarrollo se realiza desde finales del XIX a principios del XX; el barrio de Chamberí, al norte de la Chanca y a los pies de la Alcazaba, con un proyecto urbanizador iniciado en 1886; el huerto del Diezmo, a la entrada de los Molinos; el malecón de los jardinillos, entre las calles Murcia y Granada; el barrio de la Caridad, en el paseo del mismo nombre, para alojar a los afectados por las terribles inundaciones del 11-IX-1991.

      La característica básica de la edificación obrera es su funcionalidad, pues con una mínima estructura se quiere aprovechar al máximo el espacio disponible. La planta es rectangular, fácil de integrar en grandes grupos y de adecuarse a una trama urbana ortogonal. La estructura es muy sencilla: muros de mampostería y ladrillo sosteniendo vigas de madera sobre las que descansa el terrado, originando una gran nave alargada cerrada al fondo con un muro y a la calle por un pequeña fachada. El esquema más simple de distribución presenta comedor, dormitorio y patio, unidos por un estrecho pasillo lateral. La ornamentación, muy sencilla por el tipo de inquilino que la habitaría, se concentra en la fachada, enmarcada por un zócalo inferior, resaltes laterales y remate superior en moldura. Los huecos de puerta y ventana también aparecen enmarcados por moldura de cantería. La planta es tremendamente simple, con una habitación fundamental haciendo de cocina-comedor-sala de estar, a la que se accede directamente desde la calle.

      Pero su actividad arquitectónica no se reduce a una amplia variedad de viviendas, sino también a haber levantado equipamientos públicos que constituyen una parte fundamental del patrimonio arquitectónico almeriense. La primera gran obra será la conclusión de la fachada y el ingreso de la Casa Consistorial en la Plaza Vieja (1892-1909) con un diseño historicista y monumental, que reflejara el poder municipal. La importancia del edificio se manifiesta en los grandes arcos de medio punto de los soportales, los cinco grandes balcones en relación con las dependencias más representativas (salón de planos, despacho del alcalde) o la gigantesca balaustrada de remate, con la torre y el reloj marcando la vida de la ciudad. Las actuaciones más importantes son la caja de escalera, con un carácter representativo y monumental a conjugar con el reducido espacio disponible, el salón de plenos, el despacho junto a la antesala del alcalde y la pequeña pero preciosa biblioteca. También destacará el mercado central (1892), magnífico ejemplo de la arquitectura del hierro; la Plaza de Toros (1887), levantada en colaboración con Enrique López Rull dentro de los cánones del habitual neomudéjar, pero que no renuncia a una organización clasicista; el Palacio Episcopal (1894), en la Plaza de la Catedral; la remodelación del Cuartel de la Misericordia (1887), frente a la iglesia de San Juan; el Teatro Apolo (1881); la remodelación de la fachada sur de la actual Escuela de Arte (1889); y especialmente, el entrañable Pingurucho de los Coloraos, instalado en la Plaza Vieja tras el traslado desde la Puerta de Purchena (1899). También realizará la construcción del primer cementerio extraurbano de Almería, el actual de San José (1886), pues el tradicional de Belén, junto a la rambla del mismo nombre y bajo la Plaza de Toros, era insuficiente. Diseñará la portada de ingreso y bastantes capillas particulares.





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