Agustín GÓMEZ ARCOS


GÓMEZ ARCOS, Agustín (Enix, 1933 - París, 1998). Escritor.


      Fue el menor de siete hermanos de una modesta familia campesina. Su infancia transcurre entre su pequeño pueblo natal y la capital desde donde, concluido el bachillerato y el examen de estado en el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Nicolás Salmerón” de Almería, marcha a cumplir el servicio militar en La Seo de Urgel, reuniéndose posteriormente con su familia en Barcelona con la intención de licenciarse en Filosofía y Letras. No obstante, obligado por su familia, inicia la carrera de Derecho, que pronto abandonó para incorporarse con ilusión a los grupos teatrales universitarios de arte, ensayo y  cámara de la ciudad Condal.

     Algunos años después, conocido ya aquel teatro y por desavenencias con su familia, se trasladó a Madrid en busca de nuevos horizontes y mayores posibilidades tanto para su propia obra teatral, que ya comienza a escribir, como para las obras dramáticas francesas con cuya traducción, además, obtiene recursos para sobrevivir. Sin embargo, su dedicación al teatro no es excluyente, sino que también cultiva otros géneros literarios, también con notable éxito de crítica, hasta que, hostigado por la censura franquista, en 1966 se marcha a Londres y, de allí, a París. Tras la muerte de Franco, todos los años, entre julio y octubre, puntualmente, se le encontraba al mediodía en la terraza del Café Gijón frente a una cajetilla de cigarrillos y una infusión escribiendo en su inseparable cuaderno de gusanillo. La prensa lo retrata con gesto sobrio y facciones duras, tez de campesino andaluz; entrecejo fruncido y mirada plácida -aunque orgullosa, inconformista y crítica- de eterno enfadado, acusador de ritos y crítico del orden establecido en un mundo que lo decepcionaba.

      Respecto a sus convicciones políticas, siempre profesó el republicanismo y mostró abierta oposición a la dictadura franquista, bien que manteniéndose al margen de las opciones de partido para salvaguardar -afirmó reiteradamente- su plena libertad creadora. En este sentido, fue exquisito su comportamiento en el exilio evitando servirse de su situación de autoexiliado para conseguir prebendas, antes bien sólo aceptó la consideración merecida por su trabajo y por los valores literarios de su creación.

      Además de orgulloso fue muy independiente, por ello, al igual que rechazó el reiterado ofrecimiento de la nacionalidad francesa, que hubiera transformado totalmente su vida, desde el día de su marcha no mantuvo comunicación frecuente ni regular con su familia, sólo en tres ocasiones visitó la ciudad de Almería y jamás su pueblo natal. Murió acompañado del afecto de un reducido grupo de amigos. Quiso ser enterrado sin boato ni ceremonias religiosas y que sus restos descansaran en una modesta tumba del cementerio parisino de Montmartre, todo sin pompa ni formalismos, como había sido su vida.

      Agustín Gómez Arcos es hoy un almeriense universal gracias a su extensa y valiosa obra literaria traducida a numerosas lenguas. El auto-exilio, en el cénit de su vida, divide su creación literaria en dos etapas. La primera, hasta 1966, a su vez, considerando los géneros cultivados, es preciso dividirla en dos períodos, dedicados a la poesía y narración el primero, y sólo al teatro el segundo. En efecto, pese a que desde el bachillerato el teatro atrajo especialmente su atención, literariamente se inicia con el libro de poemas Ocasión de paganismo (1956), publicado en edición restringida, al que siguió Pájaros de ausencia, inédito. Respecto a la prosa, con El pan, primera novela conocida y aún inédita, consigue ser finalista del primer premio Formentor, de la editorial Seix y Barral. Por último, con el cuento El último Cristo obtuvo el premio nacional de “Narración Breve”. Simultáneamente, colabora en diversas revistas literarias, como Poesía española, junto a los más destacados poetas del momento.

      En el segundo período de esta primera etapa su dedicación se orienta a la creación y traducción de teatro, que alcanza su momento culminante con la consecución del prestigioso premio de teatro Lope de Vega. Escribió una veintena de obras consiguiendo situarse entre quienes eran citados paternalmente por la crítica como «jóvenes dramaturgos». Entre sus obras dramáticas destacan: Doña Frivolidad; Unos muertos perdidos; Verano; Historia privada de un pequeño pueblo; Elecciones generales; Fedra en el Sur; El tribunal; El rapto de las siamesas (comedia musical); Balada matrimonial; El salón; Prometeo Jiménez, revolucionario; Diálogos de la herejía; Los gatos, Mil y un mesías; Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas; Adorado Alberto; Pre-papá; Cena con Mr. & Mrs. Q.; Sentencia dictada contra P. y J. y, por último, Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas.

      Participó en los más importantes certámenes nacionales de teatro presentando, en 1960, al primer festival nacional de Teatro Nuevo su farsa en dos actos Elecciones Generales, que, aunque resultó ganadora, la censura impidió su representación. Al año siguiente presenta al más importante premio en lengua española, el Lope de Vega, su obra Diálogos de la herejía, también galardonada con el primer premio que, por idénticas razones, quedó anulado. Ostentaba la presidencia del jurado Federico Carlos Sainz de Robles. Ésta fue su obra más conocida gracias a su publicación en la revista Primer Acto y la representación en el teatro Reina Victoria de Madrid, en 1964, aunque con innumerables cortes. La crítica coincidió en que Diálogos de la herejía fue, entre las obras de autores noveles estrenadas en aquella temporada, probablemente la mejor escrita y la de contenido más rico y complejo. Igual suerte corrió Los Gatos, que, a fuerza de arreglos y cortes, pudo ser estrenada en 1965, en el teatro Marquina de Madrid. Muchos años después, en 1978, esta obra fue solicitada por Adolfo Marsillach con la intención de programarla para el María Guerrero, proyecto que no llegó a realizarse. Más tarde, en 1992, se representó en Madrid y Almería, y en 1993 en toda España y en Buenos Aires. Por último, con Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas consiguió, una vez más, el Lope de Vega, en 1966. Las restantes obras han tenido una suerte muy desigual. Alguna pudo ser estrenada, pero la mayoría no pasó de manuscrito leído clandestinamente por un reducido grupo de amigos.

      Respecto a la traducción de teatro, trasladó a nuestra lengua: La loca de Chaillot (1961) e Intermezzo (1963), una y otra de Jean Giraudoux; La revelación (1962), de René-Jean Clot, representada en el teatro Goya; y la comedia musical infantil La ciudad de los ladrones (1963), del noruego Thorbjorn Egner.

      A pesar del éxito y premios conseguidos, la censura le hacía insoportable la existencia al no estar dispuesto a claudicar acomodando su teatro a las imposiciones de la cultura oficial. Así, profundamente decepcionado y consciente de su condena al ostracismo, al comienzo del verano de 1966, abandona España, concluyendo así la primera etapa de su creación literaria. Marcha a Londres, pasando dos años después al Continente y, tras un rápido periplo por varios países europeos, fija definitivamente su residencia en París. La mayor dificultad con que se enfrentó fue aprender un nuevo idioma, que en un tiempo relativamente breve domina hasta un grado de perfección tal que, en opinión de eminentes críticos de Le Monde Litteraire, no habían llegado a alcanzar muchos escritores franceses de gran renombre. Atravesar este desierto ocupó ocho años de su vida, de 1966 a 1974, año éste en el que inaugura la segunda etapa, la de mayor éxito de crítica, público y rendimiento económico, que comprende toda su obra escrita en el exilio y publicada en francés y español. En francés, varias obras de café-teatro y todas sus novelas. La primera de éstas, L’agneau carnivore (1974), publicada por la editorial Stok, obtuvo tal éxito de lectores y crítica que mereció el premio Hermès. A la segunda, María República (1976), el diario L’humanitè la calificó de “Novela política, anarquista, novela de la indignación, de la repugnancia ante los horrores del franquismo y los compromisos de la iglesia española”. Fue seleccionada para el Goncourt. Con la anterior, se publicó en libro de bolsillo, en 1983.

      Al año siguiente escribió su novela más traducida y premiada: Ana non -de nuevo finalista del Goncourt- , galardonada con los premios Livre Inter, Thyde- Monnier de la Societé de Gens des Lettres y el Roland-Dorgelès. En 1985 se habían vendido 300.000 ejemplares, traducida a dieciséis idiomas y llevada al cine por la televisión francesa. Al siguiente año, 1978, aparece su cuarta novela, Scène de chasse (furtive), también finalista del Goncourt, cuyo ganador fue Patrick Modiano. A ésta siguió Pre-papá ou Roman de fées y, en 1981, L’enfant miraculèe, cuya escritura concluyó en Madrid. Dos años después aparece L’enfant pain, seleccionada de inmediato para lectura obligatoria en los liceos franceses. La siguiente novela, Un oiseau brulé vif, fue editada en 1984 con la que, de nuevo -por cuarta vez-, fue finalista del Goncourt y, como en ocasiones anteriores, vio pasar de largo el preciado galardón. Bestiaire (1986) -seleccionada para el Goncourt- es el título correspondiente a su novena novela, a la que siguieron L’homme à genoux, (1989) -Prix Européen de l’Association des Écrivains de Langue Française 1990-, L’aveuglon (1990) -Premier Prix du Levant, 1991-, Mère Justice (1992) -Prix Littéraire du Quotidien du Médecin, 1992; y seleccionada para el Goncourt 1992-, La femme d’emprunt (1993), y, por último, en 1995, L’ange de chair. Finalmente, la repentina muerte le impidió la publicación de su novela Feu grand père, que aguarda edición póstuma. En cuanto al ciclo narrativo en español, comprende Un pájaro quemado vivo (Destino, 1986) -reescritura de su homónima Un oiseau brulé vif- y Marruecos (Mondadori, 1991) - reescritura de L’aveuglon-, en la que el autor se aleja de su universo autorreferencial. También existe la reescritura de María República, cuya edición es deseable y su éxito seguro.

      Toda su obra literaria ofrece elementos comunes entre los que hay que destacar España como macrotema y epicentro espacial, que vive en su atormentada memoria. En segundo lugar, toda su temática, hiperrealista y contracultural, pretende mostrar la cara oculta de la realidad española (las dos Españas) novelando las atrocidades cometidas después de la Guerra Civil. La relación -en tercer lugar- entre las historias gomezarquianas y la realidad extratextual transmite un altísimo grado de verosimilitud, dadas la conexión y vinculación de los contenidos ficcionales con las circunstancias personales en las que se ha movido su creador. Finalmente, la rebeldía contra la opresión y la definidora lucha infatigable por la libertad constituyen la piedra de toque de toda la obra de este almeriense universal, cuya brillante carrera literaria en el país vecino fue culminada con el honroso título de “Caballero de las Artes y las Letras de la República” y que en España no ha recibido otro reconocimiento que el Premio Bayyana en 1977 como almeriense destacado ese año.





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