Benito Ramón de la O HERMIDA Y MALDONADO


HERMIDA Y MALDONADO, Benito Ramón de la O (Santiago, 1736 - Madrid, 1814). Político y escritor.


      Licenciado en Derecho (1756), oidor en la Chancillería de Granada (1768) y regente de la Audiencia de Sevilla (1786), de donde pasó a fiscal de la Cámara de Castilla (1792). Le unió una estrecha amistad con los ilustrados del momento, como Floridablanca y Jovellanos, a quien tan fielmente siguió que con él cayó en desgracia, siendo castigado en 1802 con la pena del destierro, teniendo que refugiarse en Zaragoza, donde le sorprendió la invasión de los franceses. Más tarde, al igual que su mentor, sería también rehabilitado. La Junta Central le nombró secretario de Estado del Despacho de Gracia y Justicia.

      Representó a Galicia como diputado en las Cortes de 1810, de las que fue elegido presidente de edad. Frente a las tesis liberales, se encuadra en el grupo de los jovellanistas. Defendió políticamente las posturas regalistas y conservadoras, dentro de los planteamientos de la vía reformista del pensamiento político de la Ilustración, sin derivar hacia la vía revolucionaria. En consecuencia, se opuso a la libertad de imprenta y abolición de la censura previa, apoyó la validez de la tortura judicial como instrumento de prueba y se opuso a la supresión de la Inquisición. Por sostener esas posiciones sería incluido entre los llamados serviles. No obstante, votó afirmativamente la Constitución de 1812.

      Persona de carácter enérgico y seguro de sí mismo, era de fuerte personalidad, pero al mismo tiempo de una especial sensibilidad para los problemas sociales, sobre todo para con los pobres y desvalidos, como demostró en cuantas disposiciones ordenó a este respecto durante su visita al obispado almeriense, donde llevó a cabo una ingente y meritoria labor, especialmente en el abandonado campo de la hospitalidad. Por Real Cédula de 6-X-1774 es nombrado Juez Visitador General de todas las Iglesias, Hospitales y Fundaciones del Obispado, ante las alarmantes noticias que llegaron a la Cámara de Castilla, en la etapa final del episcopado de Claudio Sanz y Torres. Fueron múltiples los encargos que recibió, tales como el reconocimiento de las iglesias del obispado, con especificación de las que necesitaban repararse, ampliarse o hacerse de nuevo; sobre el estado de los hospitales y casas de misericordia; que formase un plan sobre los beneficios fundados y existentes en el obispado, etc. Esta ingente tarea le ocupó por más de cinco años y, en 19-III-1779, remitió a la Cámara los resultados de su trabajo, en un magnífico Informe que constituye un documento de primer orden para el estudio socio-económico del obispado almeriense. Permaneció en Almería hasta septiembre de 1781, en ejecución de algunas de las disposiciones que había recibido. Bajo su impulso se llevaron a cabo, entre otras, las obras de ampliación del Hospital almeriense, según diseño del arquitecto Manuel Machuca y dirección Juan A. Munar, discípulo del maestro Ventura Rodríguez. Ya en tiempos de Carlos IV, se mandaron aprobar las resoluciones dadas en la Visita, impresas en 1791 con el título de Providencias.

      De su labor como publicista recogemos algunos títulos: Pensamientos militares de un paisano (Sevilla, 1808), Observaciones encaminadas a desengañar e instruir a los diputados de las Cortes extraordinarias (1812), Último recurso de la nación española para conservar su existencia política, deducido de la historia de nuestras regencias (Santiago, 1813), Dejó también una traducción en verso de El paraíso perdido, de Milton (Madrid, 1814). Tan relevante personalidad murió en la indigencia; posiblemente una prueba más de su honestidad.





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