Diego (+1585) MARÍN 


MARÍN, Diego (+1585) (Vélez Blanco, Sin datos - Marruecos, 1586). Eclesiástico.


      Clérigo y agente diplomático de Felipe II en Marruecos. Fue sacerdote beneficiado de Bédar y Serena (Almería). Durante la guerra de los moriscos actuó como mediador entre los dueños de moriscos reducidos a esclavos como botín de guerra y sus familias que intentaban rescatarlos. Nicolás Cabrillana, gran estudioso de la esclavitud morisca, destaca el fin humanitario de la actitud de mediador del beneficiado Diego Marín en los rescates. Fue acusado de mantener relaciones carnales con su sobrina Mari Pérez, de la que ésta dio a luz, aunque algunos testigos desmintieron el asunto.

      Fue cautivado en el asalto que el corsario berberisco Said Ed Doghali hizo a la villa de Las Cuevas (28-XI- 1573) y llevado a la ciudad de Tetuán, junto con otras 250 personas. Allí estuvo prisionero hasta que el sultán de Marruecos Abd al-Malik lo liberó por sus servicios prestados (1577).

      La intensa labor de Diego Marín estuvo marcada por dos hechos relevantes: su papel como mediador en el rescate de cautivos españoles en Marruecos y su acción diplomática como agente de Felipe II. El beneficiado Marín reunía buenas cualidades para ambas tareas: el conocimiento del mundo del cautiverio a ambos lados del Mediterráneo, del que él mismo había sido víctima; el perfecto dominio que tenía de la lengua arábiga y de las costumbres de musulmanes y moriscos, la preparación cultural como sacerdote y su habilidad personal para las negociaciones. De tal manera que se convirtió en hombre de confianza tanto de Felipe II como de los sultanes de Marruecos, de Abd-al-Malik primero y, a su muerte, de su hermano Ahmad al-Mansur.

      Desde su regreso a España (1577) estuvo residiendo en Vélez Blanco, su patria chica, hasta 1579, donde ejerció una importante labor de mediador en el rescate de cautivos de una amplia zona (Lorca, Las Cuevas, Granada), recibiendo dinero para ayudar a los rescates cuando regresase a Marruecos o en calidad de débito de rescates que ya había efectuado.

      Su primera gran empresa diplomática fue la intervención como auxiliar e intérprete de Pedro Venegas de Córdoba, nombrado embajador de Felipe II ante el nuevo sultán de Marruecos Ahmad al-Mansur (1578-1603), cuyo objetivo era afianzar la paz entre los reinos de España y Marruecos, aspecto importante ante la progresiva amenaza turca, y conseguir, sobre todo, la plaza de Larache a cambio de Mostagan. Larache fue una de las grandes obsesiones de Felipe II, pues este puerto podía constituir el centro de operaciones contra los corsarios y piratas que asaltaban las flotas de Indias. El 5-VI-1579 partió la embajada hacia Cádiz, donde embarcó con destino el puerto de Safi, en Marruecos. Los resultados de la embajada ratificaron la paz, aunque no se consiguió concretar la cesión de Larache. Diego Marín quedó en la corte del sultán y aprovechó la ocasión para negociar el rescate de los cautivos de Las Cuevas, ayudando en esta operación a los frailes mercedarios fray Rodrigo de Arce y fray Luis de Matienzo, quienes habían sido comisionados por Felipe II para esta redención. En Marrakech rescató 7 mujeres y 1 niño, a los que trasladó hasta Gibraltar. Del interés que el beneficiado Marín tenía por rescatar a los cautivos de Las Cuevas, cuyo largo sufrimiento conocía, da testimonio la carta que escribió a Felipe II explicándole que en su estancia en Marruecos se había comprometido personalmente con el sultán Abd al-Malik a negociar el rescate de las mujeres y niños, por lo que le solicitaba que el presidente de la Chancillería de Granada le entregase los 4.000 ducados de limosna que el monarca había concedido para dicho rescate, más otros dineros que había para ello.

      En 1580 Diego Marín regresó a España y se trasladó hasta Portugal, reclamado por el Duque de Alba, que estaba ocupando militarmente el Reino anexionado, para que localizase e hiciese de intérprete de los xarifes Mulay Nasar y Mulay Xeque, que se habían refugiado en Portugal huyendo del nuevo sultán Ahmad al-Mansur. La actuación de Diego Marín tuvo éxito y ambos nobles se sometieron al monarca español.

      De nuevo en 1580 Diego Marín y Pedro Venegas fueron enviados a Marruecos para proseguir las negociaciones sobre Larache. El mismo Felipe II estimaba a Diego Marín como el hombre ideal para tratar con el sultán, expresando por carta que el sacerdote le “es tan grato que ningún otro medio hay mejor para negociar con él”. Desde 1580 hasta 1586 Diego Marín se dedicó intensamente a su tarea negociadora en Marruecos. El propio xarife o sultán lo tenía en tal aprecio que le confió dinero en depósito para que pagase a un comerciante granadino, Francisco Barredo, una serie de piedras preciosas, seda y perfumes que le había comprado. Previamente, en 1580, Diego Marín había conseguido licencia del sultán para que el comerciante granadino pudiese trasladarse a Marruecos y ejercer libremente el comercio. Marín recibía, incluso, varias cartas personales del propio sultán y del caid Abul-l-Qasim, una de las máximas autoridades del sultanato. Pero las negociaciones fueron muy lentas y no llegaron a prosperar en el tema de Larache, plaza que sólo fue cedida en 1610, ya en época de Felipe III.

      Diego Marín siguió ejerciendo su labor de agente no sólo diplomático, sino de espía y de rescate de cautivos, informando y aconsejando a Felipe II sobre aspectos del norte de África, especialmente los movimientos de la armada turca. En una de sus cartas enviadas al monarca (3-I-1583) le relataba las confidencias que le hacía el xarife acerca de las intenciones de la armada turca de entrar en la laguna de Melilla y, desde allí, hostigar España, a lo que el beneficiado aconsejaba que no hiciese caso, pues la topografía no permitía tal hecho.

      En 1586 Íñigo de Soria, un antiguo cautivo, solicitaba a Felipe II ayuda para terminar de pagar su rescate, que había sido posible gracias a la intervención del beneficiado Diego Marín, quien, por ausencia de Pedro Venegas, estaba negociando en la corte del rey de Marruecos, y al que había servido en “escribir la cifra” (codificar los mensajes) e ir a Alcazalquivir con despachos del beneficiado Marín. A partir de 1584, el sacerdote Marín introdujo en la embajada española a su sobrino Diego Marín, muy bien recibido por el sultán y que sustituirá a su tío en su misión diplomática a partir de su fallecimiento por enfermedad en 1585.

Como señala el padre Darío Cabanelas, Diego Marín no fue embajador oficial de Felipe II en Marruecos, cargos que desempeñaron Pedro Venegas y el portugués Francisco da Costa, pero el beneficiado llevó el mayor peso en las negociaciones, debido al dominio del árabe, y supo atraerse la admiración y el aprecio del sultán, quien sí lo titulaba como embajador, y ayudó a mantener buenas relaciones entre España y Marruecos. La Crónica de Al-Mansur, Sultao de Marrocos, (1578-1603), dice textualmente: “Llegó el padre Marín a Fez llevando consigo un sobrino suyo, hijo de su hermano, que el Xarife recibió con grandes honores y le concedió muchas audiencias secretas (porque el padre Marín sabía muy bien el árabe)”.





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