Juan Antonio MARTÍNEZ DE CASTRO


MARTÍNEZ DE CASTRO, Juan Antonio (Almería, 1880 - Almería, 1955). Escritor y erudito.


      Nació en la calle Mariana, donde vive hasta la edad de 5 años, fecha en que se traslada a la vivienda construida por su padre en la prolongación de la calle Reyes Católicos, junto a la plaza del Mercado, que hoy lleva su nombre. Desde muy niño comienza a interesarse por la historia de Almería y a tomar notas de manera sistemática. Cursa Derecho en la Universidad de Granada y en la Central de Madrid, obteniendo la licenciatura en 1902. Comienza a trabajar en las representaciones comerciales de la familia y, en 1905, contrae matrimonio con Emilia O´Connor Barron, de origen irlandés.

      Por iniciativa suya se constituye la Sociedad de Estudios Almerienses (27-III-1910), eligiendo como lema “Todo por Almería y para Almería”, siendo su primer presidente el político José Sánchez Entrena y secretario Martínez de Castro, que se encargó de redactar los estatutos. En mayo de dicho año comienza a aparecer la Revista de la Sociedad de Estudios Almerienses, que dirige él mismo (y costea de manera altruista) durante dieciocho años. Colaboran, entre otros, Bartolomé Carpente, Plácido Langle, Miguel González Grano de Oro, Guillermo Gossé, Florentino de Castro Guisasola, los poetas Villaespesa, Durbán... y el propio Martínez de Castro. Dicha publicación estableció intercambios de revistas y colecciones de libros con las sociedades análogas de España, Europa y América (Holanda, Rusia, Chile, Cuba, California...). En la década de los años 20 hace amistad con el arqueólogo belga Luis Siret y con su discípulo Juan Cuadrado, quienes le visitan con frecuencia en su casa y establecen colaboraciones y consultas, así como Schulten, Levi Provençal, Gómez Moreno, Torres Balbás, Asín Palacios, Jean Sermet...

      Gran parte del patrimonio histórico, artístico y cultural de la provincia de Almería que ha llegado hasta nosotros se debe a la labor efectiva y silenciosa de personas desveladas por el amor a su tierra, como Martínez de Castro, quien luchó de manera incansable por el cuidado, conservación, restauración y salvación del legado de nuestra provincia. En 1922, el Ayuntamiento de Almería le nombra cronista oficial de la ciudad, cargo desde el que evita la destrucción del patrimonio y realiza una extraordinaria labor de difusión e información. Clamó de manera perseverante para que la Alcazaba no se viniera abajo y fuera declarada Monumento Nacional; elevó informes reclamando un cuidado especial para las murallas de la ciudad y los torreones árabes de La Chanca; evitó que fueran destruidos el mihrab y el muro de la quibla de la Mezquita Mayor; pidió, con insistencia, la creación del Museo Arqueológico Provincial. Fue secretario de la Comisión Provincial de Monumentos, cónsul de Ecuador y Costa Rica; miembro de las reales academias de la Historia y Bellas Artes; correspondiente de la Asociación Artístico-Arqueológica de Barcelona, Bellas Letras de Málaga y de la Sociedad Geográfica de Madrid.

      Obras publicadas: Algo sobre arqueología almeriense (1907), De historia y arqueología (1907), Naderías –artículos- (1910), Protohistoria de la actual provincia de Almería (1911), Sarcófago romano cristiano de Berja (1925). Además, una amplia colección de artículos, publicados con su nombre y con los seudónimos Moore da Tiaa y Darío Atemos, en los diarios almerienses de la época: La Crónica Meridional, El Popular, El Radical, El Universo, La Independencia; y colaboraciones en La Ilustración Española y Americana.

      En julio de 1936 es detenido durante tres horas y salvado gracias a la intervención del secretario del partido socialista, Antonio Martínez López. Durante los años de contienda pierde su “Historia de Almería”, obra monumental a la que había dedicado toda su vida. De igual manera desaparecen las fuentes y archivos consultados: una tragedia de enorme alcance. En 1939, tras la Guerra, Antonio Gallego Burín le nombra delegado del Servicio de Recuperación del Patrimonio Artístico, actuando oficialmente en la devolución de objetos que habían sido requisados. Escribe Crónicas históricas sobre Almería y provincia, por encargo de la Secretaría de Educación Popular. En 1947 realiza un informe sobre el estado de los monumentos de valor de Almería. En los duros años de la posguerra comienza a desprenderse de su biblioteca, compuesta por más de cinco mil volúmenes. Su espléndida colección de prensa almeriense, adquirida por un particular, nutre la actual Hemeroteca Provincial. En fecha imprecisa -quizás en 1954- se crea el Instituto de Estudios Almerienses, inspirado directamente en la Sociedad de Estudios que él había fundado. Martínez de Castro es elegido presidente -por aclamación- y secretario, Fernando Ochotorena; pero fallece un año después. Con la democracia, nace el nuevo Instituto de Estudios Almerienses, legado extraordinario de nuestro biografiado.





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