Ángel ORTIZ DE VILLAJOS CANO


ORTIZ DE VILLAJOS CANO, Ángel (Adra, 1898 - Guadarrama, Madrid, 1952). Músico.


      Músico-compositor. Formación musical temprana gracias a la decisiva preparación que recibió de su madre. Con 5 años compuso un vals sencillo y a los 7 dio su primer recital de violín. A los 18 años llega a Madrid con un compromiso fundamental: prepararse para el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos, siguiendo con ello una tradición familiar de arquitectos e ingenieros. Con su flamante título de bachiller y su violín bajo el brazo, se incorpora inmediatamente al mundo musical de Madrid: se matricula en el Conservatorio de Música para estudiar con los profesores Tomás Bretón (composición), Conrado del Campo (armonía) y Antonio Fernández (violín); actúa como violinista y da recitales en distintos salones de la alta sociedad madrileña, a los que tiene acceso y de los cuales se encuentran reseñas en los ecos de sociedad de algunos periódicos de la época.

      Hombre inquieto, dotado de una gran simpatía natural (la sal andaluza que le acompañó hasta el final de su vida), ingresó rápidamente, no en la Escuela de Caminos, sino en los círculos y tertulias artísticas que tanto abundaban en el Madrid de aquellos días. Se pone en contacto con poetas y letristas que, más adelante, iban a ser sus colaboradores literarios: Alfonso Jofre de Villegas, Álvaro Retana, Mariano Bolaños y otros.

      A. Retana, en su Historia de la canción española dice que, al estrenar Ángel Villajos en el teatro Olimpia, de la madrileña plaza de Lavapiés, una revista frívola, protagonizada por la estrella “Preciosilla” (Manolita Tejedor), renunciaba definitivamente a la ingeniería. La revista se titulaba La mansión de los dioses, y a ella se fue Villajos “buscando diosas que le cantaran sus producciones”. Alcanzó la revista 98 representaciones. En 1921 hizo oposiciones al cuerpo de Telégrafos, siendo destinado a Málaga, pero pronto lo trasladan a Madrid y allí abre academias para dar a conocer sus canciones. Ofreció numerosos recitales de violín y fue acompañado por el pianista Cubiles. La producción musical del maestro Villajos se realiza por dos caminos: canción andaluza o canción española y los cuplés y charlestones. Tras los éxitos de sus revistas se entregó definitivamente al mundo de la composición.

      En 1925 contrae matrimonio con una joven andaluza, Carmen Valero, y tiene 3 hijos: Carmen, Ángel y Pilar. En este año de su matrimonio es cuando le viene la fama y, a partir de aquí, se le conoce como el Maestro Villajos. En 1926 inicia sus colaboraciones en el nuevo arte cinematográfico y compone doce poemas musicales para la película Amapola, cuyo tema argumental tiene por escenario la ciudad de Granada: Las Cuevas del Sacromonte. La Cachucha. De este año es también el danzón Allá en la Habana. En 1927 compone pasodobles como Su majestad el mantón, además de los chotis titulados Castigador y Calle de Maipú. En 1928 Pastora Imperio estrenó el pasodoble Cuna cañí, uno de los éxitos mundiales de Villajos. Después lo cantaría Lola Flores e Isabel Pantoja en Yo soy ésa.

      En el mundo musical español Villajos fue uno de los introductores de los ritmos foráneos y frívolos del «charlestón», debido a la amistad que profesaba al médico Federico Utrera, persona afable y amante del baile, quien, habiendo viajado por América, dio a conocer a Villajos un nuevo ritmo de moda que causaba auténtica exaltación entre los jóvenes. En realidad, lo que el joven médico abderitano había evocado y transmitido a su amigo compositor eran los ritmos musicales y los movimientos del "charlestón" que estaban en boga por el continente americano. Villajos se inspiró en el testimonio de su amigo Utrera y compuso su primer charlestón: Lency. Lo estrenó con gran éxito en 1926.

      A partir de esta fecha Villajos compuso más de treinta charlestones entre los que figuran los títulos más populares: Madre cómprame un negro (1928), que hacía alusión a los negros que venían a España para enseñar a bailar el charlestón; Al Uruguay (1929), que se refiere a la llegada a España del Dr. Asuero, que curaba enfermedades tocando el nervio trigémino de la nariz; Ven con la cafetera (1929), charlestón que saca a relucir la moda de la tos poniéndola en solfa; Anda chinito (1930), con alusión a los chinos que se veían por Madrid; Yo quiero un auto (1932), en él se explota el tema del automóvil y se vuelve una referencia tópica con ambiente de niñas y niños de familia bien. Tanto españoles como extranjeros quedaron entusiasmados por aquellos ritmos afro-americanos.

      Los años treinta son la época de oro del compositor abderitano: triunfa con la canción andaluza y los pasodobles. En un auténtico renacimiento del género, Canta guitarra, pasodoble lleno de alegría y de elegancia, de sentimiento castizo español, se convirtió en uno de los mayores éxitos internacionales logrados en su carrera artística. Su popularidad hizo que incluso lo cantaran los soldados en el frente durante la Guerra Civil. La letra es de Mariano Bolaños y Alfonso Jofre de Villegas. Obtuvo un triunfo nacional e internacional con El niño de las monjas, sobre todo en Argentina, donde es ya una especie de himno popular. De este mismo año es Al son de mi pasodoble, otro éxito del compositor abderitano. Villajos acentúa el sentimiento de la canción andaluza y dota sus melodías de una ardorosa espiritualidad. En 1931 siguió componiendo, considerándole como el precursor de la canción andaluza. En 1934 conceden el Premio de Honor del Concurso de Canciones Regionales, celebrado en el Teatro Coliseo de Madrid, a su composición Amores lagarteranos. Villajos lo interpretó al piano y lo cantó su hija Carmen (7 años). A partir de esta fecha compuso varias obras: pasodobles, tangos, fox-trot, javas, el vals ¡Qué guapa estás María! (1940), Leyenda mora, la farruca Magnetismo, Fantasía onubense (para guitarra), el pasodoble Hechizo cordobés, Alma moruna.

      La característica esencial de su obra musical es el andalucismo, el sentimiento andaluz, que fundamenta la mayor parte de su éxito. Su música, de gran elegancia melódica, con ese sabor típico de Andalucía y su amor a la tierra que le vio nacer, ha traspasado las fronteras y sigue recibiendo el favor del público por una producción fecunda que constituye un patrimonio cultural de un pueblo y un país. En la S.G.A.E. se cuentan 1.133 obras suyas. Ángel Ortiz de Villajos perteneció a la Sociedad como consejero y, anteriormente, a la Sociedad de Autores de Variedades. También fue miembro del Círculo de Bellas Artes.

      En 1943 Estrellita Castro estrenó en el Teatro Calderón de Madrid su último gran éxito: La luna enamorá, canción andaluza por bulerías, llena de poesía. Esta canción la han cantado distintos artistas: Los Bocheros, Angelillo, que la estrenó en Argentina, Elsa Baeza y, actualmente, El Consorcio. Varias composiciones del Maestro Villajos han sido llevadas al cine: Charlestón; Niñas, al salón; Y después del cuplé; Santander, la ciudad en llamas; Las cuatro bodas de Marisol; Los nietos de D. Venancio; La luna enamorada...

      En 1947 Villajos fue destinado a la estación de telégrafos de Guadarrama como jefe de negociado de 1ª clase y, el mismo día que cumplía 54 años, moría. Sus restos descansan ya en la tierra que le vio nacer y que ha dado su nombre a una calle y una plaza de Adra, figurando su nombre también en una calle almeriense.




Brotons Bernal, Mª. Carmen





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