José María Martínez ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR 


ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR, José María Martínez (Cuevas del Almanzora, 1880 - Cuevas del Almanzora, 1947). Escritor.


      Conocido entre sus paisanos y amigos como el Poeta Sotomayor o don Pepe Soto, vio la luz cuando su pueblo natal  vivía el periodo de mayor esplendor económico, social y cultural de toda su historia, merced a la intensa actividad minera que venía desarrollándose en la pequeña Sierra de Almagrera, desde 1839, año en que se había descubierto el famoso y rico filón “Jaroso”, que proporcionó al censo local la inscripción de más de 26.000 vecinos a finales del siglo XIX y principios del XX, años durante los que se consolidan los principales rasgos de la personalidad del escritor y que inspiraron lo más importante de su producción literaria.

      Nació Sotomayor, al igual que sus hermanos Ana Manuela y Alberto, en el seno de una familia social y económicamente bien acomodada, merced a sus posesiones agrícolas y mineras. Su abuelo materno, primer Álvarez de Sotomayor venido a Cuevas del Almanzora, procedía de una familia cordobesa de militares (era hijo del general Álvarez de Sotomayor Ramírez). Contrajo matrimonio con la cuevana María Teresa Flores Márquez, con la que tuvo cuatro hijos. Dos de ellos, el general que da nombre al campamento militar de Viator, y María Álvarez de Sotomayor Flores, escritora de obra publicada, influyeron grandemente en nuestro poeta.

      La influencia de su tío, el general, hizo que el joven Sotomayor, concluido el bachillerato con expediente de sobresaliente, marchara a Toledo con intención de ingresar en la Academia Militar, intento que sólo quedó en los estudios preparatorios de la academia García Miranda, donde comprendió que no era su vocación la militar. Al poco tiempo volvió a su pueblo natal y comenzó lo que podemos denominar como su carrera literaria, en la que desempeñó un papel de capital importancia la influencia de su tía María.

      A partir de este momento se inicia en la vida del joven Sotomayor una etapa libre de cualquier tipo de obligaciones y en la que el entretenimiento y el amor eran sus principales ocupaciones. Llegó a poseer lo que él denomina en sus Memorias “mi casa de soltero” en la localidad de Garrucha, la cual funcionó a modo de hotel en las temporadas veraniegas para sus amigos más allegados. Durante estos años debió conocer al poeta ciego de Garrucha, Antonio Cano Cervantes, cuyos poemas costumbristas, aunque de menor calidad que los futuros escritos por nuestro poeta, debieron ejercer influencia en su posterior producción literaria. También por estos años fue cuando más tiempo dedicó a su otra gran afición, además de la literaria, la musical, que le acompañó hasta el final de sus días y en la que demostró una gran habilidad en el manejo del piano, la guitarra y el laúd, instrumento éste que eligió cuando constituyó en su pueblo natal con un grupo de amigos una orquesta que denominaron “Estudiantina Fin de Siglo”, dando conciertos en fiestas de todo tipo de la localidad; estuvo funcionando hasta que el poeta contrajo matrimonio.

      Casado (1-I-1905) con la joven cuevana Isabel Márquez Gómez, con la que tuvo su único hijo, Pedro José (13-XI-1906), se dedica por completo a sus dos ocupaciones conocidas: la administración de sus tierras y la creación literaria. Vivió su familia de los ingresos que le proporcionaba el arrendamiento de las tierras que poseía el matrimonio, la mayor parte de las cuales había sido aportada al mismo por la esposa. Hay dos versiones distintas de su relación con los campesinos que trabajaban sus tierras: la de quienes le conocieron y fueron de ideología distinta a la suya, que lo pintan como un amo explotador; y la que lo define como un propietario justo y ecuánime, que es la que se desprende del testimonio de quienes trabajaron sus tierras y de la lectura de su amplia producción de carácter regional, en la que el campesino es siempre retratado con los valores más positivos del ser humano. Es ésta la que hoy prevalece por ser la más sólidamente fundamentada.

      La inclinación a la literatura de Sotomayor se incuba en el ambiente de refinamiento cultural que vivió durante su infancia en la casa de su abuelo materno. Se manifiesta con vigor tras haber convivido unos meses con su tía María, quien lo acompañó durante su estancia en Toledo para ingresar en la Academia Militar. Aunque se conserva una composición fechada en 1895 y él mismo nos dice en las Memorias que sus primeros versos los escribió al dictado del amor que sintió por una niña cuando sólo contaba trece años de edad, sus poemas comienzan a verse con asiduidad en revistas y periódicos a finales del siglo XIX, pero hay que esperar hasta 1913 para ver publicado su primer libro, Mi Terrera, que firmó con el seudónimo de Ozmín el-Jaráx.

      Responde este seudónimo a su inclinación al islamismo en su manifestación estética. Como otros muchos escritores modernistas, sintió admiración por la cultura árabe, manifestándose en la etapa comprendida entre sus comienzos como escritor, a finales del siglo XIX, y su primer libro de poesías (1913) firmado con el mencionado seudónimo, aunque, en escritos aparecidos en periódicos y revistas anteriores, había sido Sidi Abén Hozmín el-Jaráx. Pero esta fascinación por el mundo árabe, considerada por algunos como mero entretenimiento e intento de evasión literaria de la sociedad en crisis en que viven por parte de algunos escritores modernistas, no se limita a su actividad literaria, sino que se manifiesta también en su vida privada, en la que frecuentemente aparecía vestido a la usanza árabe y simulando costumbres de esta cultura. Se construyó una casa de campo y otra en la ciudad que seguían las más estrictas normas de la arquitectura árabe. Aún en 1921 tenía intención de firmar su segundo libro de poesía con el mismo seudónimo con el que había firmado el primero, si bien el editor lo persuadió para que lo hiciera con su nombre verdadero.

      Con la salvedad de esta original y exótica faceta, la vida de Sotomayor transcurría por los derroteros de la más absoluta normalidad, dedicado a sus dos principales actividades, la de arrendatario y la de escritor. Entre 1921 y 1930 fueron apareciendo las obras que podemos considerar más importantes de su producción, viéndose interrumpida tras la publicación del libro Campanario (1935), debido al comienzo de la Guerra de 1936, calificada por él como “cruel revolución”, que le hizo vivir las experiencias más duras y desagradables de su vida. Procuró siempre mantenerse al margen de los acontecimientos, pero su oscilación ideológica y su propia obra literaria fueron motivos para ser maltratado por ambos bandos. Primero, por los republicanos, debido a que, tras haber recibido con alegría el advenimiento de la República, pronto se adhirió a los partidos ubicados más ideológicamente a la derecha, al comprobar que aquélla traía consigo reformas agrarias que afectaban a su sistema de explotación de la tierra. En 1936 Sotomayor estaba colaborando con la CEDA cuando se produjo el levantamiento de una parte del ejército. Por su parte, el autodenominado bando nacional sometió al poeta a constantes y públicas humillaciones, acusándole de que sus obras eran de índole social y de reflejar en ellas sentimientos contrarios a la ideología “verdadera”.

      Los sinsabores de la Guerra y otra serie de acontecimientos para él desagradables, entre los que destaca la costumbre local de la “cencerrada”, de la que fue objeto cuando, tras enviudar en 1938, decidió casarse en segundas nupcias con su paisana María Josefa Mula Sangermán, y el hecho de ser considerado tendenciosamente poseedor de una fortuna muy superior a la que en realidad disfrutaba, le hicieron tomar la decisión de abandonar su pueblo natal para vivir en la vecina localidad de Vera.

      Tras una estancia de algo más de ocho meses en esta localidad y con gran parte de los poemas de sus tres próximos libros preparados para darlos a la imprenta, volvió de nuevo a su pueblo natal (25-V-1941), trayendo con él el agradecimiento a un pueblo y a unos vecinos cuyo trato acogedor y amigo le había hecho concebir la idea de permanecer en él hasta su muerte, cosa que habría sucedido a no ser por la insistencia de que volviera a Cuevas del Almanzora de su gran amigo José María Mesas Benavides. Aún habría de sufrir en su pueblo natal alguna que otra humillación antes de morir, como fue el hecho de ver destruido y arrojado por el balcón del Ayuntamiento un retrato suyo realizado por José Ballestrín y colocado en el salón de sesiones, o la ignominiosa violación, según él mismo cuenta en sus Memorias, del secreto de sufragio de que fue objeto por parte de los componentes de la mesa electoral con motivo de un referéndum convocado por Franco sobre la Ley de Sucesión.

      Pero no todo había de ser para el poeta causa de amargura y tristeza en sus últimos años de vida. En octubre de 1947 tiene la alegría de saber que había sido puesto en libertad su hermano Alberto, condenado a muerte tras la Guerra Civil. En noviembre experimenta la satisfacción de ver entre sus manos el último de sus libros, libro de poesía regional como los mejores de los publicados anteriormente, titulado con el eufónico nombre de Romancero del Almanzora (1947), y a cuya distribución dedica personalmente los pocos días que le quedaban de vida. Murió como consecuencia de un cáncer de vejiga a los 67 años de edad (25-XII-1947) en la casa que había servido de domicilio a su segundo matrimonio. Su hijo hizo que se cumpliera la última voluntad expresada por él en su testamento: ser enterrado en horas de la madrugada para que no fueran tras su cadáver quienes lo zahirieron en vida.

      Además de las dos ediciones de sus obras completas, se han publicado en total trece obras, todas en verso, de las cuales ocho son colecciones de poesía y cinco obras teatrales. Sin publicar han quedado un número considerable de composiciones en verso y en prosa, entre las que destacan las Memorias y Honraez (drama rústico en tres actos en verso), que fue puesto en escena en el teatro Cervantes, de Almería (22-III- 1930). La mayoría de las otras obras inéditas son de carácter jocoso y muy informales, como sucede, por ejemplo, con las piezas teatrales Del despacho a la tumba y Al museo, o el conjunto de normas en verso para la práctica de un juego de cartas titulado Tratado de Malilla.

      Sotomayor es el poeta que más ha cantado a la tierra almeriense, concretamente a la cuenca baja del río Almanzora. Al escribir sus versos fue consciente de llevar a cabo una labor de recopilación y conservación de las costumbres, modos de vida, lengua y cultura de los campesinos que retrata en sus obras, a los que él consideraba guardianes de los principales valores del género humano y a los que dedicó la mayor parte de su producción, elevándolos al rango de Caballeros del Campo, título con que publicó uno de sus libros más importantes.

      Sin estar exenta de valores estético-literarios de indudable calidad, el principal mérito de su obra radica en el hecho de ser el producto de una labor consciente de salvaguarda de un orden social, histórico y estético llamado a desaparecer con la muerte de sus valedores, los campesinos. Es una obra de carácter costumbrista y radica, además, su mérito en el hecho de recoger y transmitir a la posteridad en la misma lengua en la que se producen las costumbres, hechos y cultura que recoge. Es una obra que hay que valorar tanto desde el punto de vista estético-literario como desde el histórico y el filológico.

      De Sotomayor puede afirmarse que es el mejor y el más genuino poeta de la tierra que han dado las letras almerienses, en el sentido de que la mayor parte de su producción poética está dedicada a cantar las costumbres, cultura, modos de vida... de los labriegos de la cuenca baja del río Almanzora. Pero, al margen de la mayor o menor calidad literaria que pueda encerrar esta obra, su principal mérito hay que buscarlo en el plano etnográfico, más próximo a lo histórico que a lo literario. El principal volumen de su producción literaria es un continuo canto a los valores del campo y de las gentes que lo trabajan, al tiempo que se manifiesta como un profundo lamento o elegía ante los sufrimientos, miserias y calamidades sociales, laborales, geográficas y climatológicas a que los labriegos se veían irremisiblemente obligados a enfrentarse a cambio de conseguir los medios para su austera y humilde existencia.

      Pero no pensemos que la obra de Sotomayor se limita a lo puramente costumbrista de carácter regional. También encontramos en ella la otra dimensión, la castellana de corte academicista que, partiendo del modernismo, discurre durante muchos años por las sendas de un romanticismo tardío hasta dar como fruto una poesía amorosa de corte elegiaco provocada por la muerte de su primera esposa, y una poesía que, bajo la apariencia de mística, manifiesta la religiosidad de su autor más como influencia de su segunda esposa que como sentimiento propio.

      Relación de obras: Obra Completa (poesía y teatro). Librería-Papelería Mary-Reyes, Cuevas del Almanzora, 1973. Obras Completas. Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora, 1997. Poesía: Rudezas, poesías regionales, en 1921; Alma Campesina, poesías regionales, en 1930; Isabel, poesías originales, en 1944; Los Caballeros del Campo, poesías regionales, en1944; Místicas, poesías, en 1946. Teatro: La Seca, drama rural en un prólogo y tres actos en verso, en 1923; Los Lobos del Lugar, drama político-social en tres actos en verso, en 1924; La Enlutaíca, tragedia rústica original en tres actos en verso, en 1925; Entre Parrales, en 1935; Pan de Sierra, episodio dramático en tres actos en verso, en1988.





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