Mariana Engracia ÁLVAREZ DE TOLEDO PORTUGAL Y ALFONSO-PIMENTEL


ÁLVAREZ DE TOLEDO PORTUGAL Y ALFONSO-PIMENTEL, Mariana Engracia (Oropesa, 1623 - Madrid, 1686). V marquesa de los Vélez.


      Hija de don Fernando Álvarez de Toledo y Portugal, VI Conde de Oropesa, y de doña Mencía Mª Alfonso-Pimentel y Zúñiga, recibió una educación nobiliaria selecta, especialmente en su faceta devota, algo que la marcaría toda la vida. Se casó con su primo hermano don Pedro Fajardo y Alfonso-Pimentel, V marqués de los Vélez, por entonces Virrey de Valencia. En 1635 la pareja se trasladó a Zaragoza. En la capital maña doña Engracia Toledo fue aquilatando su acendrada devoción, fervor que creció cuando se trasladó en 1638 a Navarra, con motivo del nombramiento de su esposo como Virrey para participar en la campaña de Fuenterrabía, guerra que le generó una particular religiosidad. Estas plegarias para salvar la vida de su marido aumentaron cuando éste se desplazó como Virrey a Cataluña para hacer frente al alzamiento armado, fechas en las que ambos residen en el Palau Requesens, propiedad de los Fajardo en Barcelona. Allí la pareja sufriría el primer gran trauma, cuando el 23 de enero de 1641 el Marqués fue derrotado en la batalla de Montjuich y era fulminantemente destituido de su cargo.

      Alojados en Valencia, ambos padecieron la Deshonrosa y la caída en desgracia ante el pariente de doña Engracia, el conde-duque de Olivares, quien aquel año destinaba al Marqués a la embajada en Roma sin empleo ni sueldo. Durante su estancia italiana, entre 1641-1643, doña Engracia aquilata definitivamente su piedad, adquiriendo la afición por coleccionar reliquias de santos y santas, gusto que le introdujo su pariente, el duque de Alcalá de los Gazules, en una visita que le hizo a la Ciudad Eterna. Finalmente, y tras la caída del valido, en 1644 el Marqués es nombrado Virrey de Sicilia en Palermo, desplegando en esta ciudad toda su acendrada vida devota por su repuesto status social y feliz vida familiar. Al fallecer su esposo, en 1647, doña Engracia se recluye en el castillo de Vélez Blanco (Almería), villa de su esposo que en su día le entregó en dote. Mientras sus hijos alcanzaban la mayoría de edad, dirigió la gestión de los estados velezanos.

      Al tiempo, doña Engracia marcó su personal visión religiosa en su estado, tanto que, además de sufragar los conventos de su jurisdicción, fomentó el desarrollo de otros, como la constitución en 1651 del convento franciscano de San Antonio de Padua de Cuevas del Almanzora, y de Ntra. Sra. de los Dolores, de Albox. Además, cuando a mediados del siglo XVII el Sureste sufrió una mortal peste, la marquesa viuda de los Vélez se trasladó a Baza y se preocupó por cortar la enfermedad en sus estados regalando reliquias de su colección a sus villas: Santa Rosalía de Palermo, a Vélez-Blanco, y San Felipe Mártir, a Mula. Pocos años después, con el apoyo del primo de su marido, el VIII conde-duque de Benavente, logra que el valido, don Luis de Haro, la introduzca como dama de honor en la casa de la Reina, con quien compartía su especial religiosidad, llegando a ser nombrada Camarera Mayor en 1659. Poco después fue designada para ser Aya del futuro Carlos II.

      La marquesa viuda de los Vélez se convirtió desde 1661 en una mujer muy influyente en el palacio del Buen Retiro. Poder que aumentó a partir de la muerte en 1665 de Felipe IV y de la regencia de doña Mariana de Austria. Esta posición de poder en el mundo áulico le permitiría concertar el matrimonio su hija Mª Teresa Fajardo con el heredero del VII duque de Montalvo; entregar en nombre del Rey el Toisón de Oro al embajador austríaco y la designación de su hijo, el marqués de los Vélez, Gobernador de Orán y Mazalquivir, primer destino que le dio brillantez a la carrera que tutelaría desde palacio su madre. Su influencia y su consejo a la Reina regente siguieron siendo claves aun cuando, después de cumplir Carlos II los diez años dejó de ser su Aya. Así, consiguió que su hijo obtuviera el cargo de Virrey de Cerdeña y diferentes mercedes para sus familiares y allegados. Sin embargo, la cada vez más creciente influencia de Valenzuela y la marquesa de Villanueva de Valdueza terminarían por cambiar la actitud de doña Engracia. Así, cuando a finales de 1675 -ante la próxima mayoría de edad del príncipe para reinar- doña Mariana de Austria urde prolongar dos años más la Regencia, la de Vélez opta por apoyar a sus detractores. Las posibles ventajas de estar al lado del niño que había cuidado tantos años, aconsejaron que ejerciera toda su influencia sobre el príncipe. Falleció el 1 de julio de 1686 en su palacio madrileño, desplegando en su última voluntad todo un legado religioso digno de su fervor. Entre las piezas claves que dejaría a su hijo estuvo la Virgen de la Leche, traída de su etapa italiana y que se trasladaría al señorío de Los Vélez, donde se levantó una ermita bajo dicho título.





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