José LITRÁN LÓPEZ


LITRÁN LÓPEZ, José (Almería, 1845 - Almería, 1889). Médico.


Litrán López, José (Almería, 1845-1889). Médico


Licenciado en medicina, masón, republicano y benefactor de la clase menesterosa almeriense, en 1885 salvó a cientos de contagiados durante la virulenta epidemia de cólera declarada en la capital y provincia. La suya fue una manera noble de ser y de vivir. Digna hasta su muerte, en un cielo laico estaría a la derecha de D. Nicolás Salmerón. Correligionario y gran admirador del insigne repúblicano, José Litrán López perteneció en calidad de “Venerable Honorario” a la logia masónica alhameña que llevaba el nombre de aquel. Nacido en Almería en 1845, tras estudiar bachillerato en el instituto de 2ª enseñanza, con 22 años se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada. Níjar fue su primer destino, localidad en la que comenzó a fraguarse una merecida reputación de entrega hacia los más desfavorecidos. Al alejarse un tanto de la política activa tras la restauración monárquica, los periódicos ponderaban sus conocimientos en el arte de curar y añadían que ahora “se dedicará casi exclusivamente al ejercicio de su humanitaria profesión, donde siempre le hallaron dispuesto a cooperar a los fines benéficos de todas las sociedades de este orden que existen en Almería”.

Matrimoniado con Dolores Capella Meca, lo trasladaron a la capital al ser nombrado director de sanidad del puerto. Desde entonces alternó la consulta médica (pública y privada) con el ejercicio de la política, encuadrado en las filas republicanas y fiel su condición progresista y demócrata. Excelente orador y articulista en prensa, su altruismo le llevó a agilizar la apertura de la tienda-asilo y de la Bienhechora -popular sociedad obrera de socorros mutuos que lo nombró presidente honorario- y a encargase de la entrega en Granada de los fondos recaudados con destino a los damnificados del terremoto que asoló a la vecina ciudad en la Navidad de 1884. Probidad intachable que le hizo ser nombrado asimismo responsable de la comisión desplazada a Francia con cierta suma de dinero para paliar las estrecheces económicas que en el exilio padecía D. Nicolás Salmerón. Litrán López impulsó la fundación del colegio oficial de médicos de la provincia, que lamentablemente no llegó a ver constituido; fue redactor de la revista La Voz Médica, subdirector del Centro Mercantil y presidente de la sección de Ciencias del Ateneo, dando muestra de su inquietud intelectual y científica. Con el nombre simbólico de Danton y encuadrado en la logia almeriense Amor y Ciencia (además de la citada de Alhama), en 1887 alcanzó el grado 30º, con la categoría de Venerable. Ahí coincidió con el arquitecto Trinidad Cuartara y respetados profesionales de las ciencias, las letras y abogacía provincial
       
Pero fue durante la devastadora epidemia de cólera morbo declarada en agosto de 1885 donde José Litrán dio muestras de su heroísmo y abnegación para con los contagiados más humildes y necesitados de ropas, alimentos y medicinas. Siendo subdelegado local de medicina, asumió la responsabilidad del Hospital de Infecciosos del Barrio Alto, habilitado en el convento de las Hermanitas de los Pobres: “Sin descanso alguno se multiplicaba en todas partes, de día y de noche; a la menor indicación volaba al lado de los enfermos, logrando de este modo arrancar a la muerte millares de víctimas (…) Hubo días de visitar sin descanso hasta veinte horas seguidas”. Litrán también sufrió contagio, pero aunque logró sobrevivir al cólera, un incurable cáncer le produjo la muerte el 24 de febrero de 1889, en su domicilio de la hoy plaza Manuel Pérez García. Al sepelio asistió una comisión de la vecina Alhama, de la que era hijo adoptivo, sumándose al cortejo cientos de almerienses de toda clase y condición social.

La llegada del féretro al cementerio municipal provocó una censurable situación: las autoridades eclesiásticas (bajo el obispado de Santos Zárate) le negaron la sepultura alegando que el recinto tenía la consideración de católico y Litrán López era un reconocido masón. De nada valieron los buenos oficios de amigos y autoridades ante la cúpula diocesana. Para sonrojo de una parte de aquella sociedad hipócrita e intransigente, el nº 69 de la revista Giordano Brunodio cuenta puntual (1891) del suceso: “El clero nególe la sepultura en el único cementerio que entonces había en Almería, y para no enterrar el cadáver en un campo abierto, expuesto a la voracidad de los animales, la colonia inglesa protestante no tuvo inconveniente ninguno en enterrarle en su cementerio, dando así una lección de hospitalidad u caridad cristiana al clero y a los fanáticos de Almería”. Pasado el tiempo, a comienzos de la posguerra, su nombre fue borrado del callejero urbano y su mausoleo en el cementerio británico profanado, en otra prueba de sectarismo hacia la figura filantrópica de José Litrán López.




Sevillano Miralles Antonio





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