Juan MAÑAS MORALES


MAÑAS MORALES, Juan (Pechina, Sin datos - Almería, 1981). Víctima del "Caso Almería".


El letrado Darío Álvarez defendió a los tres inocentes del llamado “Caso Almería” al tiempo de que el ministro del Interior, Juan José Rosón, calificaba de “trágico error” a uno de los más horripilantes crímenes cometidos, ya en democracia, por miembros de los cuerpos de seguridad del Estado. En los años setenta-ochenta España vivía sumida en el terror impuesto por ETA y raro era el día en que los periódicos no llevaban en portada un nuevo asesinato. Cuando la trágica noticia de la muerte de los tres jóvenes inocentes se hizo pública, el máximo representante gubernamental insistía en que la comandancia de la Guardia Civil de Almería (mandada por el teniente coronel Castillo Quero) los había confundido con tres terroristas (Mazusta, Bereciartúa y Fradúa) venidos del País Vasco tras el atentado madrileño (7 de mayo de 1981) que malhirió al general Joaquín Valenzuela y costó la vida a tres de sus acompañantes. Las agravantes que concurrieron en tan dramáticas horas quedaron indeleblemente marcadas en la historia más negra de la provincia. Recogidas en libros, hemerotecas y películas con el nombre de “Caso Almería”.

Dos días después del atentado, procedentes de Santander llegaron a Pechina -tras sufrir averías y malentendidos en el recorrido- el salmantino Luis Montero García, el cántabro Luis Cobo Mier y el almeriense Juan Mañas Morales, para asistir a la primera comunión del hermano de éste. Esa tarde los detuvieron cuando visitaban Roquetas como tres turistas más. De nada valieron las razones argumentadas en el feroz interrogatorio, negando ser los etarras que buscaban. Toda una noche de horror en la Comandancia. Al alborear la mañana fueron “paseados” por distintos enclaves de la costa próxima, hacia levante, y en el abandonado antiguo cuartel de Casafuerte torturados nuevamente hasta la muerte. Los torturadores simularon después un traslado a Madrid, aunque el objetivo no confesado era calcinar el coche con ellos dentro, ya cadáveres, para hacer desaparecer las huellas del crimen perpetrado. Un sobrio monolito señala el paraje y los recuerda en el km. 8 de la comarcal 326, próximo a Gérgal. Solo tres de los intervinientes fueron condenados en un juicio con importantes incógnitas a despejar y serias lagunas jurídicas: Castillo Quero, teniente Gómez Torres y el guardia Fernández Llamas, a las penas de 24, 15 y 12 años de reclusión respectivamente. El teniente coronel, tras obtener el tercer grado penitenciario, falleció en su domicilio de Córdoba.




Sevillano Miralles Antonio





Política de Privacidad | Aviso Legal