BANÚ AL-RAMIMÎ, familia

(Siglos XI a XIII). Familia de notables almerienses que ocuparon en diversas ocasiones el gobierno de la ciudad. Con la muerte de Zuhayr, el Reino de Almería quedó sin sucesor. Los notables de la ciudad entraron en conversaciones con ‘Abd al-‘Aziz de Valencia para que tomara posesión del Reino. Mientras tanto, entregaban el poder al saij (hombre justo) Abû Bakr al-Ramimî por un breve intervalo de tiempo (1038).

Otro miembro de esta familia ocuparía de nuevo el cargo electo de gobernador autónomo con la disgregación del poder almorávide. En efecto, tras la partida de Abú ‘Abd Allah b. Maymun (1146), disfrutó del poder ‘Abd Allah b. Muhammad b. al-Ramimî (1146-1147), que “no cesó de gobernarla, hasta que se la tomaron los cristianos por mar y tierra, mataron a sus habitantes, cautivaron a sus mujeres y niños y saquearon sus riquezas, con una historia que es larga de contar”, según Ibn Simmâk.

Pero quizá el que alcanzó mayor poder fue el último representante de esta importante familia almeriense, que ocupó un destacado papel en las taifas creadas tras la disolución del califato almohade: Ibn al- Ramimî, que había expulsado a los últimos almohades de la ciudad, proclamó inmediatamente al rebelde Ibn Hud de Murcia (1228-1238) y lo reconoció como emir de al-Andalus con la adhesión de los habitantes de Almería. Tal muestra de lealtad fue premiada con el nombramiento de visir, confiándole amplios poderes en todos los asuntos de la zona. Con ayuda de Abú ‘Abd Allah Muhammad b Yusuf b Hud, conocido por al-Mutawakkil (literalmente, “el Confiado”), Ibn al-Ramimi consiguió, además, reparar y aumentar las fortificaciones de Almería, hasta el extremo de convertirla en plaza inexpugnable.

Fuera deslealtad, asesinato por asfixia, envenenamiento o muerte repentina, lo cierto es que al- Mutawakkil murió en la Alcazaba almeriense y que corrió la voz de que había sido causada por Ibn al- Ramimî. Embarcado el cadáver con destino a Murcia, según algún autor, Ibn al-Ramimî se proclamó emir independiente de Almería con el título de al- Mu’wiyad, y así permaneció hasta que Ibn al-Ahmar tomó la ciudad, uniéndola a su Reino de Granada.

Al-Ramimï actuó como un verdadero gobernador o ‘señor’ de Almería eligiendo a hombres de su confianza. Por ejemplo, nombró a Ibn Mahib, primero, predicador de la mezquita de la Alcazaba almeriense (hacia 1228), más tarde, alcaide de Marchena (despoblado amurallado entre Huécija y Terque, hacia 1230) y, finalmente, embajador ante el emir hafsí de Túnez para solicitarle ayuda ante la presión del primer sultán granadino que estaba atacando los castillos del valle del Andarax (hacia 1237). No parece que Al-Ramimî consiguiera más que simpatía, pues fue precisamente en Túnez donde se refugió cuando hubo de abandonar la ciudad. En la ciudad de Ifriquiya, el almeriense vivió -según cuenta Ibn Jaldún- bajo la protección de Abú Zakariyya, se enriqueció y mandó construir hermosas casas y hasta un baño público que llevaba su nombre.


Cara Barrionuevo Lorenzo





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