AtrasAdelante


Nuestros orígenes

La confluencia de las Sierras Nevada y Gádor conforma una estrecha y singularísima inflexión por la que discurren las rápidas aguas que, desde las altas cotas del inmenso Barranco del Puerto de la Ragua, recogidas por los ríos Bayárcal y Paterna, bajan hacia Benínar para desembocar en Adra. Es este encajonado valle la mismísima espina dorsal de La Alpujarra, puerta natural de entrada y salida de esta comarca. En época del emirato musulmán, estas tierras, pertenecientes al distrito administrativo de la taha de Berja, se denominaban Alpujarra, término curiosamente que más tarde se ha extendido a toda esta comarca histórica. Confina este municipio con los términos municipales de Berja, al Sur; Laujar de Andarax y Paterna, por el Este; Bayárcal, Picena, Cherín y Ugíjar, hacia el Norte; y Cojáyar, Murtas y Turón, por el Oeste. Su población, en constante recesión, es aproximadamente de unos 1.000 habitantes, concentrados prácticamente en Alcolea, reduciéndose su número en Lucainena y en franco abandono Darrícal. Aguas abajo de Alcolea, siguiendo el curso del río, pasamos los llanos de Lucainena y Alcolea, llegamos a los Sotillos, lugar donde confluye el río Cherín, que vierte las aguas recogidas en la cara granadina del barranco del Puerto de la Ragua (ríos Picena y Laroles).

"Calle típica"

A partir de este tramo el río cambia su nombre por el de Lucainena. Más al Sur el valle se encaja y nos conduce, a través de El Chorreón, hasta el lugar de Lucainena, pedanía perteneciente a Darrícal, que se asienta en las faldas de Sierra de Gádor. Su topónimo probablemente es de raíz latina y vendría a significar el nombre de una hacienda, Lucainus. Sin duda se trata de la Locaynina musulmana, lugar que contaba con una mezquita mayor y una rábita. Lucainena es hoy un pequeño lugar casi abandonado, con genuinas casas blancas y una pequeña iglesia que cuenta en la fachada exterior con una interesante decoración esgrafiada de corazones y una armadura fechada en el último tercio del siglo XVII.Bajando el río, un poco más abajo de Lucainena, y sobre un monte, aun pueden apreciarse los restos de la mítica fortificación de Escariantes, histórico castillo erigido sobre dos montes llamados Alpujarra (Aÿbul Busarra, hoy día Cerro del Castillo), centro administrativo del área que aglutinó, bajo la dirección de los cabecillas Zugayba ben Qutba y Yasin ben Yahaya, una importante insurrección contra el emir Hixam I.Más al Sur, concretamente en el paraje del Campillejo, desembocan las aguas del río Ugíjar (que recoge a los ríos Yátor, Nechite y Válor).
A partir de aquí el curso fluvial que seguimos vuelve a cambiar su nombre, esta vez por el de río Darrícal. Muy cerca de esta confluencia el valle se hace más grande y aparece ante nuestros ojos la población de Darrícal, apacible pueblo alpujarreño petrificado en el tiempo.
El topónimo musulmán de Darrícal ha llegado a nosotros tal cual se escribía a finales del siglo XV. Componían este lugar en 1.501 cuatro barrios (Harad Almaçara, Hara Fauc, Harad Axemeyz y Axoayah) y una rábita, protegidos por una torrecilla.

"Iglesia"

De esta localidad era el famoso licenciado Torrijos, cura del lugar y vicario de la taha de Berja, quien, por su conocimiento de la lengua y cultura moriscas, jugó un papel de primer orden en la guerra de Las Alpujarras, sirviendo de asesor a don Juan de Austria.
Esta población se repobló en 1575 con 18 vecinos, en su mayoría extremeños. Por ser los lugares del valle tan pequeños, Darrícal, y su anejo de Lucainena, hacían concejo común con Benínar e Hirmes. La población conserva una iglesia del siglo XVI (advocación del Angel Custodio), en la que destaca el alfarje de la sacristía y su magnífica torre, separada del templo para servir de refugio a los vecinos. Esta torre, además de artística, es un edificio histórico, pues el famoso licenciado Torrijos logró salvar su vida amparándose en la misma en 1568, fecha del alzamiento de las Alpujarras. Pero es, sin duda alguna, la magnífica y proverbial conservación del pueblo lo que llama la atención de todo aquel que pasa por aquí.
Colgadas en la fuerte pendiente de la Sierra de Gádor, y jugando con las caprichosas curvas de nivel, las calles estrechas y sinuosas descubren todo un alarde de arquitectura popular digna del mejor libro de texto. Y es que este hermosísimo pueblo de montaña mediterránea, de blancos volúmenes cúbicos y de escalonados terraos de launa, es un deleite para la vista. Esta población es digna de verse desde la orilla opuesta al valle, sobre todo en primavera, pues se conforma una estampa de colores tan genuina que es difícil olvidar; en ella se dan cita las rápidas aguas del río, las tonalidades propias de los brotes tiernos de las plantas, los distintos ocres y verdes de la montaña, amén del gran escenario de volúmenes blancos del pueblo.
La traza urbanística y arquitectónica de Darrícal bien pudiera pasar por cualquier pueblo morisco del siglo XVI, pues este lugar, anclado en tiempos pretéritos, es un regalo que la historia nos hace. Desgraciadamente, la construcción del pantano de Benínar ha supuesto el abandono de la población, y con ella de la localidad. Me consta que ha habido intentos por parte de algunas entidades para restaurarlo y conservar su genuino sabor empeño en el que pusimos en su día nuestro grano de arena, pero, como siempre ocurre, las acciones quijotescas están reñidas con el mundo en que vivimos. Darrícal, pues, duerme el sueño de los justos; en un silencio tan profundo que, no hay duda, es el ruido más grande jamás oído...


La documentación más antigua para el estudio de la historia de Alcolea se remonta a la ocupación musulmana, finales del siglo XV; sin embargo, es seguro que sus antecedentes deben datar de la época romana, así lo dan a entender sus sistemas de regadío y trilogía agrícola existente, olivo, vid y cereales. La edificación de los puentes de la Ramblilla de Guadix y del Barrio Bajo, así como el reciente hallazgo de piezas de aquella época encontradas en El Cañaveral.
Su nombre con toda seguridad, es diminutivo árabe "El Castillejo" o "Pequeña fortaleza", nombre que se ajusta perfectamente a su situación estratégica, situación de frontera entre el Llano del Andarax, el Valle de Ugijar y La Contraviesa.
Tras la guerra de las Alpujarras (1568-1571) Alcolea fue repoblada en 1575 por 35 vecinos provenientes de distintas partes de España. El lugar de Guarros, si bien en sus indicios se agregó a Alcolea, por orden de consejo de población de Granada se incorporó al término de Paterna del Río. Los deslindes y amojonamientos los realizó el licenciado D. Alonso de Frías, alcalde mayor de las Alpujarras, a partir de mayo de 1572, ayudado por el seise morisco Pedro Abenamina, natural de Alcolea, quien era traducido por Melchor de Almagro.



En el siglo XVIII administrativamente pertenecía a Ugijar, capital de las Alpujarras, que agrupaba las villas y lugares existentes desde la Contraviesa a Canjayar.
El 30 de septiembre de 1997 el término de Darrical y su anejo de Lucainena se incorporó al de Alcolea abarcando actualmente una extensión de 67,11 Km2 y una población aproximada de 950 habitantes. Sus lindes son: Norte: Paterna del Río, Nevada y Ugijar; Sur: Berja y Laujar; Este: Laujar; y Oeste: Murtas y Turón.