Diego María MADOLELL PLAZA


MADOLELL PLAZA, Diego María (Tabernas, 1789 - ¿Chercos, 1867). Ingeniero de Montes.


      Liberal temprano, insuflado con el ideal del progreso y del negocio, capaz de abordar los proyectos más dispares en la Almería de la primera mitad del XIX, en especial aquellos que pretendían invertir las ganancias obtenidas de la minería en el desarrollo del regadío.

      Hijo de José Madolell, escribano (primero, en Gádor y, luego, en esta población) y de María Plaza, perteneciente a una familia acomodada que se pretendía hidalga. Imbuido pronto de las ideas liberales que se propagaban entre las personas mejor formadas, se refugió en Cádiz con la entrada de los franceses. Aún sin acabar la Guerra de la Independencia, en 1813 solicitaba poner en explotación varias minas antiguas en El Puntal de Sierra Alhamilla y establecer una fundición plomiza que concertaría contratos con mineros y propietarios, rompiendo con el estanco del plomo. Al poco, amistades propias y de su hermano Jerónimo le ponen en contacto con el proyecto de transformar una actividad tradicional de producción de hierro en la Sierra Norte sevillana en un importante centro metalúrgico que abasteciera el mercado de Sevilla y, ocasionalmente, a Cádiz y Málaga.

      Enriquecido con la ferrería de El Pedroso (1817- 1822), decide invertir en la construcción de sendas pequeñas presas, una en la cerrada de Los Tristanes y otra en la de Inox, una idea barajada ya en 1793 por Rafael Medina y Lapita (regidor perpetuo de la ciudad) y Antonio González Bustos (teniente capitán de inválidos), con la que pretendía poner en regadío grandes extensiones de los campos de Níjar. Para facilitar el riego a casi 67.000 hectáreas constituye en Cádiz una empresa denominada Regadío de Níjar (1820), de esta manera compromete al Ayuntamiento y a gran parte de los agricultores del lugar que debían abonar 200 reales por cada fanega susceptible de ser regada.

      La empresa fracasó y Madolell fue a buscar el dinero donde se estaba generando: en la floreciente minería de Sierra de Gádor. Allí le fue autorizada en 1824 la apertura de un cauce que diera riego a los campos de Dalías, Roquetas, Felix y Vícar (unas 130.000 hectáreas). Las obras dieron principio en octubre de 1833, pues su decidida lucha contra la restauración del absolutismo proscribió el proyecto por más de un decenio, pero duraron poco: al año siguiente debió suspenderlas tras haber abierto apenas cinco kilómetros de los 62 proyectados. El canal de Madolell, como se le llamaba, obligó al empresario a vender varias propiedades familiares en Gádor, pero no le arruinó, pues en los años siguientes financiará las milicias locales isabelinas contra los carlistas junto a otros empresarios con visión de futuro, como Ramón Orozco. Precisamente esta amistad le abre nuevas posibilidades. Con el apoyo de su hermano, invierte en Sierra Almagrera, donde realiza varias contraminas exitosas entre 1840 y 1842 y se enriquece nuevamente con un sistema de aireación de las galerías.

      Mientras tanto, la villa de Níjar había conseguido en 1831 real licencia para construir un pantano en Los Tristanes. Con la experiencia adquirida, Madolell se presta a intervenir pero, ahora, en 1842, es consciente que la obra es de tal envergadura que excede el interés y las disponibilidades económicas y tecnológicas de la provincia, por lo que anima la constitución de una gran empresa dividida en 2.100 acciones de pago mensual hasta formar un capital suficiente para levantar el pantano en dos años, aunque quedaba registrado por escrito el plazo de cuatro. Madolell obtuvo la cesión gratuita de 42 acciones en pago a sus desembolsos y esfuerzos y gran parte de su familia quedó vinculada a las obras. En las labores siguientes ya no interviene nuestro empresario, que busca nuevos proyectos donde invertir las ganancias obtenidas. Y los encuentra en la Cerrada del Maimón, entre Urrácal y Olula, donde promueve en 1847 una sociedad compuesta de 600 acciones para levantar el pantano, siguiendo la misma fórmula que en Níjar. Por desgracia, las aguas tienen dueño, con lo que se inicia un complicado pleito que echa al traste el proyecto. Casi arruinado, se refugia en Chercos, donde todavía conservaba algunas propiedades familiares de su mujer. No por ello abandonó los antiguos proyectos ya que, a través de su apoderado, Juan Justo Escalante (Terque-Almería), obtuvo permiso en 1863 para practicar estudios de un canal que utilizara nuevamente los sobrantes del río Benínar y otros proyectos en el campo de Dalías.




Cara Barrionuevo, Lorenzo





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