Juan Bartolomé de CALLEJÓN VILLEGAS


CALLEJÓN VILLEGAS, Juan Bartolomé de (Berja, 1816 - Madrid, 1890). Militar y diplomático.


      Perteneciente a un linaje de acomodados labradores de Dalías, su padre, Gabriel Callejón Daza, era un prestigioso abogado que se había asentado en Berja, donde se casaría con Dolores Villegas Roda, miembro de una familia dedicada al incipiente negocio minero. Segundogénito de su casa, ingresó en la Academia militar de Toledo para cursar la carrera militar, donde se vincularía políticamente al liberalismo. En 1835 fue destinado con su unidad a Cataluña para luchar contra las partidas carlistas, entablando relaciones con Rosa Bosomba Moreno, hija del médico de Puigcerdá, con quien tendría en 1837 a su hijo Buenaventura. Rechazado este enlace por su padre y por problemas con su familia política, su vida se complicaría en extremo durante el complicado conflicto carlista, manteniendo fuertes diferencias con sus oficiales.

      En 1841 estuvo destinado en el regimiento de la costa de Almería, fechas en las que experimenta nuevos consejos de guerra del gobierno espartero por su ideario político. Tras morir su padre (1843), recibiría la herencia familiar, situación que le permitió expresar más libremente sus diferencias con el gobierno de Narváez, retirándose en 1845 del ejército. En los años siguientes se implica en la oposición a los moderados, llegando su momento en el pronunciamiento de Manzanares (1854), año en el que ingresa de nuevo en el ejército. Colaborador con el unionismo de O´Donnell, su fuerte carácter le creó constantes diferencias con sus compañeros de partido, razón por la cual se buscó una salida idónea para alejarlo de la Península. En 1858 fue nombrado vicecónsul de Nueva Orleans, fechas en las que conoce a Marie Louise Kennedy Massicot, miembro de la alta sociedad sureña, con la que tiene una hija. La muerte inesperada del Cónsul le permitiría ascender a cónsul de la importante ciudad estadounidense, estallando en 1861 la Guerra de Secesión. La posición neutral española y la estratégica posición de Nueva Orleans permitió a Callejón establecer una tupida red de negocios, al amparo de la inmunidad diplomática, para el suministro sureño a lo largo del río Mississippi, incluyendo en sus inversiones trueques con los indios de las praderas. Sus contactos con la burguesía cubana, así como el apoyo de su familia política (nobleza francesa y comerciantes irlandeses), le abrieron las puertas a pingües negocios, donde aprovechó los flujos comerciales algodoneros transatlánticos, especialmente de las navieras catalano-gallegas. Las quejas del gobierno norteño, así como la del resto de sus compañeros diplomáticos (especialmente el cónsul de Alabama), llevaron al embajador, García Tassara a reprenderle. No obstante, Callejón continuó especulando gracias a sus inversiones personales, destacando su connivencia para la evasión de capitales franceses a Cuba tras la ocupación de la ciudad sureña por el ejército de la Unión.

      En el plano diplomático, dio cobertura a las empresas exteriores del gobierno de O´Donnell, especialmente a la expedición del general Prim a México y la guerra de restauración de Santo Domingo. Enriquecido en extremo y habiendo recibido quejas formales el gobierno español de Washington, en 1866 -con el gobierno Narváez-, fue sustituido por el cónsul de Gibraltar. Vuelto a la Península, pediría una excedencia, participando de la oposición a Isabel II y ayudando económicamente a los revolucionarios para su derrocamiento. Tras la Revolución Gloriosa, el gobierno provisional del general Prim lo nombró, en octubre de 1868, cónsul en Argel, colonia francesa por entonces en auge. En este destino, nuevamente, en abril de 1869, se vería implicado en nuevas sospechas sobre su enriquecimiento personal a costa de su posición diplomática, lo que le llevaría a un cambio de destino al consulado de Bayona. La entrada, poco después, en 1870, del rey Amadeo I, dejaría sin efecto esta última orden, si bien, en aquel año Callejón se jubilaría.

      Durante el Sexenio Revolucionario estableció buenos contactos políticos, lo que le permitió favorecer a su hijo Ventura en la carrera diplomática, toda vez que sobresalientes beneficios en diversos negocios, todos ellos vinculados al tráfico atlántico con Cuba y los Estados Unidos. Sus simpatías por el partido demócrata le permitirían presentarse a las elecciones en agosto de 1872, resultando elegido Diputado por Orense. Durante este tiempo favoreció a diversos familiares y parientes de Berja y Dalías, que acabaron emigrando a tierras gallegas al amparo del favor político y económico.

      En octubre de 1873 formó una sociedad con los banqueros Alejandro de Buenaza, Juan Tapias Ferrer y Félix Villoch (familia de su nuera), con el título de Empresa de los muelles y de los terrenos del puerto de Vigo, para la construcción este puerto gallego, permitiéndole en los años siguientes alcanzar nuevas relaciones con diversos sectores económicos de aquel litoral. Retirado de la política, en 1874, se centró íntegramente en los negocios de exportación, si bien, con la Restauración (1875) sufriría una dura investigación por sus actuaciones diplomáticas en Estados Unidos, siendo sobreseído el asunto en 1878 por las complejas vinculaciones económicas que conllevaban, especialmente con Cuba. En los años siguientes se centró en el mundo de los negocios, abriendo destacados lazos comerciales con la rica burguesía judía europea y americana. Fallecería en Madrid dejando, de su primer matrimonio, al diplomático Ventura de Callejón Bosomba y, de su segundo enlace, dos hijas más: Juana de Callejón Kennedy, casada en Burdeos con el banquero judío de origen bohemio Max Pröpper Kohn y Gabriela de Callejón Kennedy, mujer de Manuel Monjardín y Blanco, agente de Bolsa. Nieto de este personaje fue Eduardo Pröpper de Callejón (Madrid, 1895-Londres, 1972), también diplomático, que se casó en 1929 en el castillo de Royaumont, de París, con Hélène Fould-Springer, miembro de una rica familia judía emparentada con el barón de Rothschild. En 1940, siendo cónsul general de España en Burdeos, durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, junto con el cónsul portugués Arístides Sousa Mendes, salvó a 30.000 judíos franceses. Reprendido por el gobierno de Madrid, durante años tuvo destinos de inferior categoría hasta el aperturismo franquista, trabajando en el equipo diplomático de Lequerica para el ingreso de España en la ONU. Recientemente, tras su muerte, el gobierno israelí lo distinguió con su máxima consideración por su generosa labor contra el genocidio nazi, al igual que el ejecutivo español, que en el 2006 lo homenajeó en Nueva York, residencia actual sus descendientes.




Sánchez Ramos, Valeriano





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