Emilio CAMPRA BONILLO


CAMPRA BONILLO, Emilio (Almería, 1922 - Almería, 2014). Deportista.


Atleta, baloncestista, remero, pescador… Emilio Campra es históricamente el deportista almeriense más completo. En su persona concurren valores que justifican la máxima coubertiniana de citius, altius, fortius. Vistos los antecedentes familiares, lo lógico es que Emilio Campra Bonillo (al igual que su hermano Francisco, también atleta de élite) hubiese venido al mundo (14 de abril de 1922) con un violín bajo el brazo, no en vano cuatro generaciones precedentes sobresalieron en el ámbito musical, destacando su abuelo y tío-abuelo Filiberto y Laureano. Pero el segundo de los siete hijos del matrimonio Abelardo Campra y Carmen Bonillo se decantó por el deporte. El último músico profesional de la saga y padre de nuestro protagonista, alternó la plaza de funcionario municipal con la de pianista en el teatro Cervantes y la de organista titular en la Catedral y Colegio de Seises.

Emilio llegó a ser testigo presencial del inicio de la guerra y sus padres, en evitación de males mayores, lo mandaron con su tío Francisco, alcalde de Huércal Overa. En 1939 regresó a la capital, aprobando Peritaje Mercantil en la Escuela de Comercio e iniciando en Alicante los de profesorado. Sin embargo, su vida laboral discurrió en la administración de justicia, donde se jubiló como oficial de la Audiencia Provincial: “En una mano las citaciones, los rollos de sala, y en la otra el cronómetro, para medir las centésimas de segundo que se le pueden arañar a un podium… “. Durante un tiempo ejerció de secretario del alcalde Emilio Pérez Manzuco. De su matrimonio con Araceli Sánchez Delgado, en enero de 1950, nacieron tres hijos: Emilio, Carlos y María del Mar. Viviendo en su casa de la calle Real, con vistas al Mediterráneo que tanto amaba, la muerte le sobrevino el 22 de noviembre de 2014.

En 1939, con tres amigos, despejaron un espacio en la Rambla apto para correr los 100 metros lisos, saltar altura e improvisar (con latas) discos para los lanzamientos. El Frente de Juventudes y el SEU convocaron competiciones en las que Emilio fue seleccionado, siendo 1942 su temporada álgida. En Madrid, representando al distrito de Granada en los I Juegos Universitarios Nacionales, triunfó en 400 y 800 metros, con récord añadido. En junio repitió éxito en Sevilla, alzándose con el campeonato de Andalucía en 200, 400 y 800; al mes siguiente en Tolosa volvió a sobresalir en el medio fondo, batiendo la plusmarca de España de 600 m. en 1m. 25” 9/10.

En septiembre de 1942 acudió a Milán –junto al también almeriense Manuel Carretero, velocista y triple salto- para participar en el Campeonato Europeo de la Juventud. Aunque acusó cierta inexperiencia, bajó de los dos minutos en 800 y ganó la final de segundos clasificados. Pudo haber sido el gran espaldarazo internacional, pero se lo impidieron las molestias en la rodilla, que arrastraba desde su adolescencia en Huércal Overa y que le mantuvieron inactivo durante dos temporadas. Siguió, no obstante, dominando la media distancia andaluza (con incursiones en cross y 1.500), compitiendo hasta 1950. A la lesión de rodilla se le sumó una hepatitis vírica. Muy a su pesar hubo de reciclarse en profesor de enorme sapiencia, longeva carrera y destacados alumnos. Ese año Campra aprobó con el nº 1 los cursos de preparador de atletismo y al siguiente obtuvo el título nacional. De los clubes y equipos federativos que dirigió, destacan los 16 años al frente del Centro de Tecnificación Militar de Toledo. En 1972 ideó y puso en práctica un revolucionario método de lanzamiento de peso: el llamado de paso atrás o “estilo Campra”, con el que el lanzador consigue un mayor equilibrio y más centímetros en el intento. Hoy atletas alemanas y rusas de élite lo practican.


Posiblemente sea la única persona a quien el ayuntamiento le haya concedido el escudo de oro de la ciudad en dos ocasiones: en 1970, cuando el grupo de buceadores de Educación y Descanso al que pertenecía rescató a una mujer arrastrada al mar en las riadas del mes de abril. Y en julio de 2004 al ser homenajeado por el deporte almeriense; acto en el que diputación le impuso el escudo de la provincia. Transferido a la Comunidad Autónoma el primitivo estadio de la Falange -testigo de su fructífera labor de décadas como docente-, en una decisión de estricta justicia pasó a llamarse “Estadio de la Juventud-Emilio Campra”. De entre sus muchas distinciones, la medalla de plata al Mérito Deportivo Nacional, concedida en septiembre de 1968, es la de mayor rango. En 2015 recibió la insignia de Andalucía y antes, en 1987, el Premio Bayyana.










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