Diego (+1601) MARÍN 


MARÍN, Diego (+1601) (Almería, 1518 - Almería, 1601). Eclesiástico.


      Doctor en Leyes y maestrescuela de la Catedral de Almería. Hijo de Vicente de Belvis, rico mercader morisco de Almería, y de Catalina de Burgos Marín, cristiana vieja. El matrimonio tuvo cinco hijos, que enlazaron con moriscos de reconocida posición social: Catalina de Belvis con Diego López Hazera (o Ayala), alguacil perpetuo de Mondújar; Brianda de Belvis, con su hermano Francisco López, que le sucedió en el alguacilazgo; Juan Gil Marín con Leonor Puertocarrero, hermana del alcaide morisco de Gérgal; sólo Luis Marín contrajo matrimonio con una cristiana vieja, Beatriz de Miño. Este hecho evidencia un claro deseo de mantener el clan familiar dentro de las estructuras de parentesco musulmán, aunque siempre con personas de cierta relevancia. La actuación de la familia estuvo imbuida, además, de reminiscencias de la antigua “assabiya” o solidaridad islámica, que mantuvo incluso con los moriscos que sobrevivieron a la expulsión (Belvis, Venegas,...), pero intentó integrarse realmente en la nueva sociedad y cultura castellana impuesta tras la conquista (religión cristiana, colaboración armada,...).

      En la amplia familia destacó especialmente el doctor Diego Marín. Se graduó en la Universidad de Salamanca, donde alcanzó el título de Doctor en Leyes. Su carrera eclesiástica fue fulgurante: apoyado por el obispo Diego Fernández de Villalán (1523- 1556), fue ordenado sacerdote muy joven, de tal manera que en 1546 tomó posesión de la canonjía doctoral del cabildo catedralicio de Almería, en 1549 era provisor del obispado y maestrescuela en 1559, ya con el obispo Antonio Corrionero de Babilafuente (1558-1570), de cuya confianza también se hizo acreedor. Su intervención eclesiástica fue muy profusa, representando al obispado ante diversas instancias e interviniendo en numerosas actividades de la iglesia, como las económicas, llegando incluso a introducir a su hermano Luis Marín como mayordomo del cabildo en los años 1567-1568. De profunda convicción religiosa, fundó una capellanía y enterramiento en la iglesia de Santiago de Almería, donde estaba enterrado su padre, dotándola con 500 ducados que cargó sobre su casa en la parroquia de Santiago, lindante con la de su hermano Luis Marín y la de Diego Avís, otro miembro de la aristocracia morisca.

      En 1566 fue comisionado por el Cabildo para ir a la Corte de Madrid; pero el 24 de septiembre, cuando hacía noche en Tabernas, la villa fue asaltada por corsarios berberiscos que le robaron 120 ducados que llevaba; sin embargo, respetaron su vida, cosa rara, pues hicieron numerosos prisioneros que llevaron cautivos y mataron, entre otros, al escribano de Tabernas, Francisco Ortiz. Su influencia en la sociedad almeriense, especialmente entre los moriscos, fue intensa, actuando numerosas veces como mediador o moderador en la resolución de conflictos. El cronista Luis del Mármol calificaba al maestrescuela como una persona “a quien los moriscos de aquella tierra tenían mucho respecto”. Lo mismo solucionaba las diferencias entre dos campesinos que conciliaba un matrimonio roto por los maltratos que el marido infringía a la mujer.

      Pero fue durante la guerra de los moriscos (1568- 1570) cuando el maestrescuela alcanzó su mayor protagonismo. Desempeñó un papel similar al de la aristocracia colaboracionista morisca, como Alonso Avís Venegas o Francisco de Belvis. Conocido el levantamiento de los moriscos, el maestrescuela salió a los lugares de la jurisdicción de Almería para exhortarles a que no secundaran la rebelión y se mantuviesen en paz; no tuvo éxito porque García de Villarroel, capitán de la guarnición de Almería, se negó a acogerlos dentro de las murallas de la ciudad. Iniciada la contienda, el doctor Marín intervino militarmente contra los moriscos. El mismo cronista Luis del Mármol relata su acción en la batalla del cerro del Chuche, en Benahadux, donde mató a dos moriscos.

      Participó también en el asalto al cerro de Inox, alentando a los dirigentes militares, aunque una de sus pretensiones era salvar, como así lo hizo, a varios parientes de noble estirpe morisca (doña Inés, mujer de Lope Venegas el Bidagui, Isabel, su hija, mujer del alcalde de Tabernas Francisco López Abudi, con dos hijas suyas y una criada, y María, su cuñada, con un hijo y una criada). Por orden del Marqués de los Vélez redujo pacíficamente al alguacil de Tabernas, Alonso López y un hijo suyo, que habían escapado del cerro de Inox entregándolos al Marqués, lo que le enemistó con el capitán general Francisco de Córdoba. Juan de Austria lo llamó para que participara, junto a los beneficiados Francisco Torrijos y Francisco López Tamarid, en las negociaciones de paz que se celebraron con el Habaquí en Fondón del Andarax. Al final de la campaña intervino, también, por orden de Juan de Austria, junto con Alonso Venegas, en la reducción y entrega de armas de los moriscos.

      Después de la guerra y expulsión morisca, el doctor Marín actuó, por mandato de Pedro de Deza, presidente de la Chancillería de Granada, y del propio Felipe II, en reducir a los monfíes o bandoleros que habían quedado en el Reino y que dificultaban enormemente su repoblación, consiguiendo que 50 de ellos dejaran las armas. Su acción más destacada fue la gestión que llevó a cabo para terminar con una de las cuadrillas de monfíes más peligrosa, la de El Joraique, que con 48 moriscos sembraban el pánico en el levante almeriense. Después de una intensa actividad, con carteo constante con Pedro de Deza y el propio Felipe II, y cuando todo estaba a punto de concluir positivamente, una cuadrilla de soldados hizo fracasar la operación, huyendo el Joraique a Berbería. Siguió interviniendo el maestrescuela en las cabalgadas contra los corsarios que asaltaban las costas y en la redención de cautivos, bien como intermediario o llegando incluso a pagar el rescate de su propio peculio.

      A partir de 1575 el maestrescuela tuvo que enfrentarse a diversas personalidades e instituciones. Uno de sus mayores enemigos fue el capitán general de la costa del Reino de Granada, Francisco de Córdoba, quien llegó a decir del doctor Marín que en su casa no se hablaba más que la algarabía, “que es el más desbergonçado onbre que e visto”, y que “en su trato y bida y casa sólo ay la sobrepelliz y el bonete de clérigo, en lo demás es más que morisco”. Francisco intentó expulsar a Luis Marín y su hijo Diego, lo que provocó que el propio maestrescuela fuese a la Corte a denunciar el agravio. Pero los mayores problemas personales surgieron en el seno de su cabildo catedralicio, especialmente con el deán Tamayo.

      Entre otras cosas, fue acusado de homicidio por haber dado muerte a dos moriscos en la batalla de Benahadux y el obispo Diego González lo tuvo preso en su casa durante 1575 y 1576. Vuelto al cabildo, las tensiones fueron tan fuertes que se pronunciaron graves palabras y se llegó a las manos, siendo el maestrescuela censurado y privado de oficio y beneficio, repartiéndose el resto del cabildo su prebenda. Para solucionar el conflicto, el Rey le propuso desempeñar una nueva prebenda en Antequera, pero el doctor Marín la rehusó. La conflictividad terminó en 1582, coincidiendo con el nombramiento del deán Tamayo como abad de Baza. A partir de aquí todos los problemas se solventaron amistosamente, recibiendo 200 ducados de compensación. Pero si fue gratificante la conclusión del conflicto eclesiástico, más lo fue, si cabe, la cédula que el 31-V-1583 dictaba Felipe II, permitiendo que la amplia familia Marín pudiese quedar en Almería.

      La vida del doctor Marín fue realmente controvertida, pero su actuación se movió entre los dos mundos opuestos del momento, lo cristiano y lo morisco, intentando ejercer la función de puente de unión de estas dos culturas antagónicas. En este sentido, su labor fue paralela a la de otros sacerdotes moriscos de su época, como el padre Albotodo y los beneficiados Torrijos, Marín y Tamarid. Murió (23-I-1601) habiendo conseguido su principal objetivo: que su familia se salvase de la expulsión. La labor de abogado defensor de la familia, que tanto ejerció el doctor Marín, será llevada a cabo durante el siglo XVII por dos sobrinos, el bachiller y abogado Diego Marín, que había sido incluso alcalde mayor accidental de Almería entre 1586 y 1588, y el jurado Diego Marín del Ala. Los dos lograron que los Marín fuesen de nuevo exceptuados del último bando de expulsión de los moriscos, decretado en 1609 por Felipe III. La familia Marín terminó integrándose entre las más influyentes de la ciudad, como los Perosa, Trinidad, Benavides, Iluminati, Venegas, Careaga o Perceval.




Muñoz Buendía, Antonio





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