 | La nueva sociedad repobladora en el último cuarto del siglo XVI inicia la difícil reconstrucción de la actividad ganadera. El territorio ejidense es muy probable que desempeñara un importante papel como foco de recepción para una serie de ganaderos relativamente modestos, que para sus rebaños de 200 a 500 cabezas utilizaban las estructuras de gestión de los rebaños mayores mesteños, por lo que se vería afectado por unas ramificaciones de la Mesta que probablemente representaran un papel de Mestas satélites o secundarias.
A lo largo del siglo XVII la cabaña local experimenta un auge constante, compatible con la llegada de ganados foráneos procedentes de Baza, Orce, Puebla de Don Fadrique, Huéscar, Cúllar, Granada, Caniles, Dólar, Ferreira del Marquesado del Cenete, La Calahorra, Guadix, Alcalá la Real, Ohanes, Fiñana, Laujar de Andarax, Paterna, Gérgal, Fondón, etc. Será a partir del segundo cuarto del siglo XVII cuando se establezcan algunos cotos cárnicos y boyales, llamados también «toriles»; recuerdo de esta circunstancia en el municipio de El Ejido es el paraje conocido con el nombre de El Toril, en torno al interesante aljibe del mismo nombre.
Ante los requerimientos de la Real Hacienda y el desarrollo de la ganadería, las compras de terrenos realengos por parte de los concejos se suceden con el fin, entre otros, de evitar la intromisión de ganados foráneos. En 1741, Dalías paga 55.000 reales por la «marina» comprendida entre Los Cerrillos y Las Entinas, y a mediados del siglo XVIII «previene que la comunidad de los pastos en el terreno de esta villa no tiene señalamiento específico y comprende al todo del terreno, así montuoso, como tierras de labor». En 1751 la ganadería local de Dalías-Territorio ejidense se distribuía fundamentalmente entre el ganado cabrío (13.984 cabezas) y el ovino (4.574 cabezas), con un total de 18.558 cabezas, distribuidas entre 163 propietarios. |  |
"Dunas de Punta Entina
En la última década del siglo XVII don Francisco García Figueredo, presbítero vecino de la villa de Dalías, solicita al papa Alejandro VIII levantar una capilla en Balerma para que «tuviese misa tanta gente como se quedaba sin oírla los días festivos, pues en lo ordinario pasan de trescientas personas» (Archivo de la Curia Eclesiástica de Granada. Leg. 126-F.); tras algunos avatares, la capilla se construyó. En estos tiempos la desigualdad y dependencia respecto a Dalías es total y así continuará, siendo significativo que a mediados del siglo XVIII en el Campo sólo existen dos casas habitadas permanentemente y 26 temporalmente.
En el último cuarto del siglo XVI y a lo largo del XVII, en el que ya se ha consolidado la nueva sociedad repobladora, y del XVIII, los poderes públicos velan por el carácter común de aljibes y balsas, de los que, para mediados de este último siglo y aunque sin duda alguna existía más, hemos localizado documentalmente los siguientes, aparte de los citados anteriormente: «Seco de Oras», Santos, Blanco de Onáyar, Morato, Ugíjar, Tesoro, Tres Aljibes, Tomillar, Pedro de la Hoya y Galianilla; mientras que las balsas asimismo identificadas documentalmente para esta época son las siguientes: Varela, Cabriles, Vieja, Tejar, Cortés, Don Luis, Sapo y los albercones de Montoya y de Cabriles. |  |