Luis CAÑADAS FERNÁNDEZ


CAÑADAS FERNÁNDEZ, Luis (Almería, 1928 - Madrid, 2013). Pintor, muralista..


Formó parte del Movimiento Indaliano almeriense, conquistando durante unos años la cima de la modernidad de la pintura española en los años cincuenta y que nos dejó además del legado artístico, el propio símbolo del Indalo. Destacó durante toda su vida por realizar munerosos murales, mosaicos y vidrieras para empresas, edificios, iglesias, instituciones… Es con diferencia el artista almeriense que tiene más obra representativa repartida en todo el territorio español.
Nació el 28 de enero de 1928 en Almería, aunque pasó parte de su niñez en Bentarique. Su vida estuvo marcada por la doble tragedia de sufrir una guerra y de sobrevivir a la posguerra en el bando de los vencidos. Luis era un niño tímido, retraído, miope y delgado, características que le acompañaron toda su vida.

Estudió en el Instituto de Enseñanza Media de Almería, donde fue alumno aventajado de Celia Viñas y en la Escuela de Artes, donde coincidió con los que más adelante le acompañarán en la aventura indaliana: Francisco Alcaraz, Miguel Cantón Checa, Francisco Capulino y Antonio López Díaz.

Durante la feria de Almería de 1946 se celebró el III Concurso Provincial de Artesanía, organizado por la Obra Sindical de Educación y Descanso. Jesús de Perceval, miembro del jurado, premió a estos jóvenes artistas y los adoptó como verdaderos discípulos: les invitó a las tertulias de la Granja Balear, donde se hablaba sobre literatura, historia, poesía, música, arqueología y arte; se convirtió en su mentor ante la sociedad; les abrió todo un mundo completamente insospechado a sus años. Como amalgama de esa unión lentamente se fue construyendo toda una cosmología del cromatismo, las formas, los volúmenes, la perspectiva, la temática… en concordancia con las teorías estéticas de Eugenio D´Ors del resurgimiento de lo mediterráneo. Era una forma de acercarse a la modernidad sin salirse excesivamente de los cánones estéticos imperantes y tolerados; un nuevo enfoque de las formas, dejando atrás el realismo fotográfico tan de moda en la España de aquellos años, mediante una adecuación de las líneas a las formas producidas por la visión irreal de unos colores a través de los ojos bañados por la luz cegadora del sol almeriense.

Expusieron, de la mano de Eugenio D´Ors, en el Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid en 1947, donde el paisaje inédito almeriense fue sin duda el máximo atractivo de la muestra madrileña. Luis Cañadas, como pintor del Movimiento Indaliano participó en importantes exposiciones posteriores, como en el VI Salón de los Once, la Exposición de Arte Español Contemporáneo de Buenos Aires… y en numerosas exposiciones indalianas a lo largo del territorio nacional.

En la década de los años cincuenta, la temática más representativa de Cañadas eran sus “terraos”, que incluso llegaron a ser fuente de inspiración en Celia Viñas (Azoteas de Cañadas. Décimas I. Celia Viñas Olivella). Obtuvo el título de magisterio y en 1955 consiguió la plaza de profesor de Historia del Arte, Pintura, Procedimientos y Materiales en la Escuela de Artes y Oficios de Almería. Esta docencia le supuso profundizar en diferentes técnicas como la pintura al fresco y los mosaicos, lo que le impulsó a aceptar encargos artísticos complejos, como los murales de la nueva estación de autobuses de la capital, el mosaico de la Virgen del Mar en la ermita de Torregarcía, la decoración mural del pabellón de Almería en las ferias internacionales del campo celebrada en Madrid, el mural del edificio del gobierno civil, actual subdelegación del gobierno, los mosaicos del centro escolar Madre de la Luz, los murales de la sede central de Unicaja en el Paseo de Alemría o los monolitos de las Mojaqueras en las entradas a Almería por carretera.

En 1964, buscando nuevos horizontes artísticos, decidió trasladarse a Madrid donde tenía un cierto peso pictórico por su presencia indaliana en el Museo de Arte Moderno, sus premios en las Exposiciones Nacionales de Educación y Descanso y sus contactos con personalidades del mundo del arte. Esta aventura madrileña la inició junto con el escultor almeriense José Leal. En 1967 se casó con Carmina Cortes Prieto.

Pronto le llegaron encargos para diferentes instituciones y empresas de toda España: centros de salud en Tarragona y Deusto; paradores de turismo de Jávea o Cádiz; editorial Plaza y Janés en Zaragoza y Málaga, El Corte Inglés de Sevilla, empresas constructoras en Madrid y Murcia… Paralelamente realizó numerosas intervenciones en iglesias de Almería, donde sus murales y vidrieras se hacieron muy populares: San Pío X, San Sebastián, San Pablo, Espíritu Santo, Nuestra Señora de Belén, Nuestra Señora del Carmen en Aguadulce…

Su pintura “madrileña” se fue adaptando a una luz pálida e irisada que diluye sus formas. Comienza a verse atraído por los barrios marginales que rodean la ciudad, barrios de “lata y plástico”, como él les llamaba, paisajes urbanos donde los descampados y chabolas constituían el fondo escénico de la vida de sus vecinos. Era su forma de realizar una pintura denuncia de una dura realidad, que deshumaniza los rasgos y todo lo tiñe de un gris como ausencia de color, ausencia de calor, ausencia de amor, ausencia de vida.  

Esta pintura se siguió alternando con sus paisajes almerienses, que nunca abandonó, configurando unos contrastes visuales entre dos mundos antagónicos desde el punto de vista lumínico, conformando una especie de contrapunto musical, un dueto donde Castilla y Almería quedaban unidas por una pintura sencilla, en la que el sentimiento primaba sobre la técnica, y su temática figurativa, quedaba interpretada por su rico mundo interior.

Su presencia en la cultura madrileña se hizo patente formando parte muy destacada en las tertulias del café Gijón, donde se le realizaron diferentes homenajes.

La miopía secular de Cañadas fue ganando terreno, cual neblina vespertina, empequeñeciendo su escaparate visual, su paleta cromática y su visión amable del mundo, materializándose en los tonos más grisáceos y haciéndose su pintura cada vez menos precisa, más gruesa, representada por sus cardos al sol cenizo de los páramos castellanos. Hasta que llegó un momento, ya con 80 años, que le fue imposible pintar. Su última manifestación artística es un libro de relatos, “Cuentos de un pintor” editado por el Instituto de Estudios Almerienses de la Diputación Provincial de Almería.

Obras representativas: Terraos (1955); La Chanca (1970); Dehesa del Espinar (1975); Paseando por la ciudad (1975); Desierto de Tabernas (1975); Grupo con figura ecuestre (1988); Ayuntamiento de Jumilla (2004).

Bibliografía:

DURÁN DÍAZ, María Dolores (1981), Historia y estética del movimiento Indaliano, Ed. Cajal, Almería.

DURÁN DÍAZ, María Dolores (2017), Luis Cañadas, poesía de la pintura indaliana, Ed. Diputación de Almería, Almería.

 




Durán Díaz Mª. Dolores





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