Oficina Municipal de Turismo de Berja.

Lo que opinan los viajeros

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CITAS

  • JEAN SERMET (1953), geógrafo, erudito y diplomático francés nombrado miembro de la Escuela de Estudios Hispánicos:
    “Un rodeo nos lleva al pie de la Sierra de Gádor, a Berja, capital de la uva. En sus hondonadas se extiende por doquier el tapiz verde tierno de los parrales. Riqueza nueva de los pámpanos que reemplaza a la de las minas, perteneciente ya al pasado. Se nota en todas partes el bienestar, hermosas fincas, estanques, fuentes”.

  • GERALD BRENAN (1933), oficial del ejército británico que abandonó su sociedad y su profesión para ampliar su nivel cultural y autoeducarse como escritor:
    “Berja es un pueblo de cierta importancia, situado bajo la Sierra de Gádor, y constituye un centro importante de la industria de la uva. Las uvas verdes, de piel dura, que son envidiadas cada otoño desde Almería hasta Londres, crecen en parras que dan al paisaje, o más bien a la parte por ellas cubierto, un extraño aspecto de aplastamiento, como si estuviera cubierto por una lona verde. En torno a esos viñedos se alzan pequeñas colinas de caliza, blancas y casi completamente desnudas, pues llueve muy poco en esta región”.

  • JOHANNES J. REIN (1899), geógrafo alemán designado miembro honorario de la Royal Geographic Society de Londres:
    “El nombre árabe de Berja significa Amable Hermosura, y algunos escritores árabes compararon a esta medina con un paraíso en medio del infierno, por estar rodeada de una zona montañosa y esteparia, desprovista casi por completo de vegetación. Berja goza de un clima suave y sano, de excelentes aguas y de una vega bien regada. Al igual que la sericultura en tiempos de los moros, la explotación minera de la Sierra de Gádor ha sido la principal fuente de riqueza para esta población. El aspecto pulcro y refinado de sus casas de campo dan fe de este esplendor. Las casas señoriales poseen todas un hermoso jardín, con árboles frutales que dan su generosa provisión de fruta fresca. En 1569 tuvo lugar una sangrienta batalla, la más atroz de toda la rebelión de los moriscos; Abén Humeya, que poco antes había sido coronado rey en el Albaicín granadino, se enfrentó aquí, con su ejército de seguidores en la fe y compatriotas, pero sin cañones ni caballería, al temible Marqués de Vélez, mejor pertrechado. Vélez se dirigió con el resto de sus huestes a Adra; Abén Humeya, con los pocos insurgentes que sobrevivieron, volvió a Válor, sede de su señorío”.

  • ANTONIO RUBIO GÓMEZ (1880), maestro granadino con inclinaciones literarias, fue escritor y destacado promotor de entidades culturales:
    “En medio de una llanura entre montañas, y en las orillas del delicioso río de Adra, dice el distinguido orientalista Simonet, estaba Berja, con un castillo muy fuerte y un florido jardín en cada casa. El príncipe de la literatura arábigo-granadina, Ebn-Aljathib, elogia mucho a Berja y a sus mujeres ‘que sonríen con dientes de flores’. ‘Entre sus casas’, dice, ‘discurren presurosas las cabalgaduras de los céfiros, sin quejarse de la estrechura de sus pasos, ni de las revelaciones de la golondrina’. Los encantos y deleites de Berja ejercían una seducción poderosa sobre el pensamiento del hombre, y le aficionaban a las delicias del mundo. Elogia lo dilatado de su caserío, su mucho trato con los demás pueblos, sus floridos vergeles, sus fértiles praderas, morada de las auras, sus dulces fuentes, el pintoresco aspecto de sus contornos, y sus valles y arboledas. En cuanto a sus habitantes, celebra su muchedumbre y riquezas, la benignidad de sus condiciones y el distinguido porte de su gente principal. Razones sobradas tuvieron los vates musulmanes para dedicar éstos y otros galanteos a la preciosa ciudad, engastada como una perla en el riquísimo anillo que forman sus montañas; y más que razón tuvieron para deleitarse en sus huertos aromáticos, en su vega encantadora, ante sus salutíferas fuentes y cristalinos arroyos de plata y, por último, ante su general aspecto, que refleja molicie y bienestar”.

  • PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN (1872), granadino con vocación literaria, cursó estudios de jurisprudencia y eclesiásticos:
    “Berja, hermosísima población amorosamente guarecida en el seno de la Sierra de Gádor y rodeada de oscuros bosques, de verdes siembras, de relucientes aguas, de todos los encantos de una naturaleza propicia. Era la acaudalada Berja, la antigua Virgi de los romanos, la Medina Barcha de los moros, aquella de quien se decía hace siglos que cada casa tenía un jardín, lo cual acontece también hoy; aquella a quien el gran poeta árabe Ebn-Aljathib llama ‘sitio risueño para el placer de la vista y lazo de seducción para el pensamiento; nube fecundante, Darain de preciados aromas, campo rico, harén seguro, hermosura manifiesta y oculta’. ¿Ve aquel delicioso pueblo que blanquea y reluce a la luz del sol, entre densas masas de verdura, como joya medio escondida en un canastillo de olorosas hierbas y gayas flores? Pues es Medina Barcha, a cuyas puertas se riñó aquella sangrienta batalla entre el Marqués de los Vélez y Abén-Humeya, en que ambos ejércitos quedaron destrozados”.

  • BARÓN CHARLES DE DAVILLIER (1862), miembro de una importante familia de banqueros ingleses, Caballerizo Mayor de Napoleón III y Comendador de la Orden de Carlos III; fue un gran hispanista:
    “Al pie de las últimas estribaciones de la Sierra de Gádor se levanta el lindo pueblo de Berja, cuya actividad industrial contrasta con el aspecto pacífico y patriarcal de los pueblos de las Alpujarras”.

  • DAVID THOMAS ANSTED (1853), reconocido geólogo y económico inglés con enormes dotes para estudiar y analizar áreas con posibilidades para la explotación del subsuelo:
    “Berja se ha enriquecido notablemente por el éxito de la actividad minera en la Sierra de Gádor, y se encuentran algunas casas modernas de impecable construcción. El lugar es realmente moderno; dado que la vieja población fue destruida casi por completo por un terremoto de principios de este siglo, quedan pocas características musulmanas, que no sea el estilo general de los edificios, claramente adaptado de los antiguos habitantes. Las costumbres de estas gentes son asimismo asiáticas, aunque los gustos de los moros claramente no están presentes en la iglesia y el ayuntamiento, ni en los edificios públicos que adornan la plaza del mercado. Teniendo un suministro razonablemente bueno de agua, la vegetación y el paisaje son muy interesantes”.

  • NICOLÁS DE RODA (1839), viajero granadino:
    “En Berja, a la que llamaron Verjel los árabes, aún se conservan restos, así de su antigüedad como de sus dominadores griegos, romanos y árabes. Berja, con su clima apacible y benéfico, sus nacimientos de aguas puras y abundantes, sus jardines, sus flores y naranjos, sus castillos árabes y su riqueza; dominada por Sierra de Gádor, que parece un genio benéfico presidiendo y protegiendo la villa, y dándole a manos llenas riqueza y elegancia. En una de las colinas que la rodean conserva, como joya que pretende ocultar, restos de la ciudad romana, el pórtico de un circo de fieras con sus columnas y, a poco que se profundice en la tierra, encuéntranse jarros de China con franjas encarnadas y otras preciosidades antiguas”.

  • PIERRE EDMOND DE BOISSIER (1837), botánico suizo, miembro de la Sociedad de Física y de Historia Natural de Ginebra:
    “Berja, alegre pueblo de casas blancas rodeado por un oasis verde e irrigado. Esta pequeña ciudad ha adquirido una gran importancia por la proximidad de las minas de plomo de la Sierra de Gádor. Es en Berja donde se realizan los aprovisionamientos de la numerosa población de obreros que vive en la montaña, también es allí donde los propietarios de las minas han establecido y tienen sus agencias; por ello, está poblada y animada, y los numerosos extranjeros que la frecuentan han introducido un cierto grado de civilización”.

  • CHARLES DIDIER (1836), literato, periodista y diplomático suizo:
    “Desde la meseta de San Roque, se baja a los bellos campos de Berja, es decir, que se pasa bruscamente y sin transición de África a Italia; digo Italia porque he encontrado en Berja escenas y sitios campestres que no he visto en ninguna otra parte de España. Aquí las villas y granjas están coquetamente dispuestas como en Toscana y escondidas a medias bajo la sombra de las higueras y los olivos; la vid está sostenida por unos pilares blancos y cae en guirnaldas cargadas de racimos; los granados y las adelfas sirven de cerca y forman unos encantadores macizos en las orillas del camino. La luna aporta a esta fresca y alegre naturaleza unas luces misteriosas, con la Sierra de Gádor destacando en negro sobre el fondo estrellado del cielo”.

  • RICHARD FORD (1833), aristócrata londinense, abogado, escritor, dibujante e historiador de arte:
    “Berja es una ciudad activa, floreciente y creciente situada a los pies de Sierra de Gádor, y en el corazón mismo de las minas de plomo”. 

  • SAMUEL EDWARD COOCK (1829), conocido como “escritor de temas españoles”. Marine inglés amante de la geología y elegido miembro de la Royal Society, así como de la Royal Geographic Society:
    “Berja es un lugar precioso, situado en una hoya rodeada de altísimas montañas, bien regada, con una moderada altitud, es un lugar saludable y próspero. Es la estación intermedia de todos los mulos y asnos que se emplean en el transporte de provisiones y material para la sierra y para acarrear el mineral hasta Adra”.